martes, 27 de octubre de 2015

Magnífica quietud.

Lo que más me une a Ella son esos recuerdos de dicha inexplicable, pero que recorren últimamente todos y cada uno de los complejos laberintos que fluyen a lo largo y ancho de mi especial mundo onírico. Son sueños que, más que de verdad, reflejan ese halo de espléndida belleza, sin defectos ni imperfecciones. La verdad envuelta en pureza infinita, sin manchones de gris, de incertidumbre asfixiante.

Es el Jardín del Edén que mi mente jamás imaginó, mi felicidad nunca sospechó y mi experiencia no logró exprimir con exacta plenitud. Un oasis que se desvanece en las neblinas de la vida, en el despertar del sol otoñal, el levante de mis deseos y frustaciones. Como mi canción preferida de no sé qué época ya marchita, pero intensa en lo más recóndito de mi interior. Es el paraíso de mis anhelos, el cielo de mis pasiones.

Pasado y fantasía se entremezclan en un universo en el que la espuma del mar forma parte del paisaje madrileño, en un ejercicio de auténtica imaginación para el que no existe ni el ocaso de la vida. Nadar volando, volar soñando en un mar de satisfacción que une ríos y océanos, este y oeste, centro y norte, invierno y verano. Es el ansia de auto-realización más complicada, de bucear en baúles de armonía estival, de belleza sin igual. Siguiendo los pasos del destino, de esa aura de genialidad, de ese motor genuino que nos guía inexorablemente, soñando o viviendo, muriendo o naciendo, hacia la excepcionalidad del ego, hacia el puzzle perfecto, hacia las sonrisas de la más brillante luz.

Es el recorrido de tiempos antiguos al correr de poniente, bajo la mirada de poderosas deidades que, en posición arrogante, dan muerte a las flores que nos envuelven en emociones llenas de vida, pero al fin y al cabo efímeras. Es la tierra del siempre jamás, pero el Olimpo de los finales. El rompecabezas del día y la noche, la paradójica conexión entre la libertad y la predestinación, entre el albedrío y la determinación. Es lo irrecuperable, y la alegría que nos depara el porvenir.

Encontrarnos como simples extraños, bajo un cielo claro y un mundo feliz, rodeados de color y musicalidad. La repetición de las estaciones, el ir y venir de los corazones. La intensidad y maravilla que desprenden los recuerdos bajo la sutil capa de los más hermosos sueños.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Dando tumbos.

No saben que es difícil aguantar esa presión, no saben que sus súperhéores en realidad son superyunkies. Yonki del otoño madrileño, de ese sol radiante del ocaso estival, protagonista del clímax de los septiembres. Septiembre, el que cantan Los Piratas cuando los 80 estaban en su apogeo de gloria y libertad, los septiembres de las letras de Green Day pidiendo que le esperaran incluso aunque el cielo se parase. ''Even in the sky is falling down'', como diría Jean Sean bastante tiempo antes de embarcarnos en esta aventura interminable.

La aventura de viajar al fondo de la diversión, al eje central de la variedad, el elitismo, el cambio, la nada y el todo. El viaje hacia ese frío invernal más puro que ninguno, que envuelve el aroma a quietud y serenidad castellana como ninguna Estrella Polar podría haber conseguido ni matando hojas bajo el sol. Olor de juventud en Moncloa, Gran Vía imparable, castiza Malasaña y refinado Salamanca. Atardeceres sin parangón bajo las luces del clasicismo y modernismo de Bilbao y Alonso, del cosmopolitismo al que abre paso La Castellana desde las postrimerías de la ciudad hasta las mansiones que alborean Recoletos. Y todo bajo el brillo de no sé qué diosa que vela por la eternidad de Cibeles, bautizada por Pereza Lady Madrid.

La que se hace llamar estrella de los tejados todavía continúa dando guerra a sus gatos, que siguen maullando bajo su luz, colgados o descolgados del fuego que desprenden sus noches sin fin. Todavía le queda mucha magia que crear desde lo alto de Gymage, desayunando con diamantes en Tiffany's con gin-tonic y cigarrillo de Marlboro en mano como si fuese la alegría más tonta. Porque no sé si Madrid, la ciudad de las ciudades, me convertirá en feo, fuerte y formal, pero lo que sí sé es que sabrá permanecer en mi mente como la mayor generadora de mis felicidades.

Donde se cruzan los caminos, donde regresa siempre el fugitivo. Aquí he vivido también, Joaquín, aquí quiero quedarme.

Pongamos que hablo de Madrid.

domingo, 28 de junio de 2015

Yo soy aquel.

Soy aquel que paseaba continuamente por la Calle Real de La Coruña con el objetivo de encontrarme con gente conocida, el que se hacía fotos en el Photo Booth Play de la Plaza de Vigo cuando Apple todavía sonaba a novedad. El que ansiaba con ansia que llegase el viernes porque era finde, la gente bajaba a la calle y no había nada mejor que lucir el uniforme, sin olvidarme de los sábados, el día excepcional para lucir ropa de calle. Sí, soy aquel que bailaba ''Fotogénica'' con exagerada motivación en el centro del Buddha Tea de Juan Flórez, el que tenía un reservado en el muro del Orzán cual cangrejo, terceras escaleras siempre que fuera posible. El que nunca faltaba a los Jardines, cubalitro de Casa Ramón en mano, o de El Barbas, a poder ser calimocho con gominolas. Soy aquel que siempre se reetiquetaba en las fotos de Tuenti para que aparecieran en novedades cuanto antes, el que dedicaba mil tablones a mil y un personas y ponía siempre un poquito de color y saturación a los fotos de verano, tanto de playa como de discoteca (y para que engañarnos, lo sigo haciendo).

Soy aquel que vistió victorias sin cordones, con cordones, converse de muchos colores pero sobre todo BLANCAS, aquel que vistió Vans y New Balance, y las sin duda míticas botas pisamierda antes de que llegasen las Superga. El que vistió Vazva sin poder parar, después de que Loreak Mendian ya empezase a pasar de moda, cuando los jerseys de rombos ya estaban quedando obsoletos. He llevado el pelo con raya al lado así como con cresta engominada, cazadoras de Carhartt y QuickSilver y pantalones tan anchos que luego se agradeció la llegada de los pitillos. Sí, esos pitillos vaqueros oscuros estrenados en El Bosque (¡maravilloso photocall el de www.discotecaelbosque.com!) mientras el aire del cielo de Cecebre nos hacía sentirnos mayores, cuando apenas rozábamos los dieciséis. Sí, soy aquel que a los catorce pasaba las tardes de los fines de semana en el cine de Palexco y en el mataniños, y a los quince en las sesiones light de Pirámide y El Playa Club, tras el paso obligado por el Boule. El que fue feliz con su primer smartphone con ¡VAYA! ¡WIFI! y una cámara de mierda, pero cuyas 25857662616553 fotos se encuentran en los álbumes de 2009 y 2010 de Tuenti. Aquel al que le encantaba ir al colegio para presumir cada día de modelo diferente, aunque siempre en el marco de los colores del uniforme, mientras paseaba sin parar por todo el patio delante de tantas y tantas caras. Lo admito, era genial sentirse observado en la fila del comedor, no lo puedo remediar. Y como colofón, la caminata hacia el bus. Así cada día.

Soy aquel que, tanto solo como acompañado, pasaba largas tardes bajo el ardiente sol de La Solana con el objetivo de salir moreno en las fotos de por la noche. El que no paraba de bañarse en el gélido mar Atlántico, incluso desde abril a octubre, hiciese calor o lloviese, con frío, viento o niebla. He estado poniendo morritos desde tiempos inmemoriales, y nunca en mi rostro han faltado sonrisas, tanto sinceras como falsas, preparadas para el flash. He sido el fan número uno de Princesas, Te Entiendo, Volverá, Cada Dos Minutos, Física o Química, Antes de Que Cuente Diez, Otra Noche Otra, Pásame la Botella, Pobre Diabla, I'm Yours, Mi Niña Bonita, La Suerte de las Tortugas, Danza Kuduro, Pégate Más, Lovumba, Noche de Estrellas, Call Me Maybe, No Importa que Llueva, Mal de Amores, Calor de Verano, Bandera al Viento, La Temperatura, La Nueva y la Ex, El Taxi, Travesuras, Cosas Locas, Pierdo la Cabeza, Si Tú Me lo Das, Mi Vecinita, Si Tú No te Enamoras o El Perdón. Ahora vivo en un orgasmo con Tentándome, Una Cita, Piensas de Pitbull y Fanática Sensual, ¿vosotros no?

Soy aquel que intentaba conocer el entorno y los entresijos de cada colegio de La Coruña, el que jamás decía que no a una coca cola o un café en el Amura, el viejo Rocco o hasta el magnífico sucesor del Tortoni, el Marita Ron. Sí, yo también tengo mil fotos en las columnas de la zona del Matadero, más otras mil desde lo alto de las magníficas vistas del Monte de San Pedro. Por no decir frente a la Torre de Hércules. Soy el que escribía con xdes, xDés y demás expresiones que, gracias a Dios, hemos podido superar. Así como la alternancia entre mAyÚsCulASs-minúSCuLaaS, con especial preferencia por la mayúscula en la eSe, eRRe o eLe, entre otras. Sí, saturé Tuenti hasta la saciedad, llegando hasta el límite permitido, después de la inolvidable etapa del Metroflog y el Fotolog, trauma de anóminos incluido en el primero, y con la ilusión de petar el tablón de cada foto diaria. También twittée sin parar hasta que un nuevo fenómeno, que parece haber venido para quedarse, me ha hecho vivir instantes inolvidables: Instagram. Él supera a Snapchat (¿por qué no hay likes? :(((((() y a las innumerables y efímeras aplicaciones que imperan por doquier, como Ask o Yodel. Como el viejo Hi5 (creo que se llamaba) y redes extrañas varias, que no duraron ni dos telediarios, vaya. Pero sin duda lo mejor de todo esto, es que me hayan seguido, y subido fotos mías, cuentas de guap0s_coruu, guaposs_Spain, bellezasinstagram, y demás... JAÁAAAJAJAJAA. Sigamos.

Soy aquel que ha venido a Madrid para disfrutar, el primer año, del ambiente de discotecas como Orange Café, Teatro Kapital o Cats cuando todavía no se había convertido en Mitty. El que disfrutó tardes y noches con amigos y compañeros de residencia y universidad en 100 Montaditos, La Sureña, Pecaditos, TacoBell, La Risueña o el Mercado Provenzal. El que idolatra las zonas de Moncloa y su ambiente, o el exclusivismo de Chamberí o el Barrio de Salamanca. Sí, yo también tengo numerosas fotos con las vistas del Círculo de Bellas Artes al fondo, también he disfrutado del indescriptible sabor de Lateral y he degustado unas copas en la Terraza Gymage, en la Gourmet Experience de Callao o en el Ramsés de la Puerta de Alcalá. También he hecho excursiones a El Escorial o a la Sierra en general, no he entrado en discotecas porque los porteros estaban gilipollas, he tomado el sol en el Retiro y, especialmente, en las fuentes de Canal, y he faltado a clase, a diferencia de en el Santa María, un millón de veces. También me he encontrado a un montón de gente de Coruña, supongo que deberíamos fundar una colonia in the capi.

He bailado sin parar, y siempre con los ojos cerrados como si sólo existiese mi propio universo (postureo, de nuevo vamos, de postureos va el textito por si no ha quedado claro) bajo las luces de Chill, Tartufo, Tiffany's y Pacha, no sin antes haber disfrutado de una Feria de Abril invernal que no podía permitirme perder... sin duda, rememorando los más espléndidos años de las salas light, antes comentados. Soy aquel al que le encanta estar afónico, el que se pone camisa aunque apenas salga de la residencia, el que se mira ochenta veces en el espejo, ya sea en el metro, en tenedores y cuchillos o en los retrovisores de las motos. El que se cuelga las gafas de sol en el pecho a la hora de comer sin haber salido a la calle, y las lleva puestas aunque el sol ya se haya esfumado, el que luce un reloj en la muñeca aunque no funcione sólo porque queda bien y el que controla la hora exacta de mayor movimiento en Instagram, momento contabiliziación de likes. Soy el que potencia la moda de la hibridación de lenguas y expresiones, uniendo el castellano, el inglés, un pseudo-kcoruño y abreviaciones y diminutivos en palabras como ''chaicle'' en lugar de chicle, ''flaipo'' en lugar de flipo, ''Failo'' en lugar de Filosofía, ''holis'' en lugar de hola, ''chaino'' en lugar de chino. ''fráio'' en lugar de frío o ''parti'' en lugar de fiesta. El que no para de gritar ''uuuhhhh'' o el más reciente ''ooóohhh'' dependiendo la ocasión.

Soy el que no puede vivir sin pulseras, sin colgantes como cruces o el tótem. El que huye continuamente de los silencios incómodos, el que nunca se pierde un cotilleo, el que sale de fiesta en época de exámenes, al que le gusta todo tipo de alcoholes, el que fuma un piti -sobre todo delante de gente, para que le vean- porque queda bien, el amante de los veranos en Sanxenxo, copa de balón en mano (es lo más importante para la foto), de una dosis de imprescindibles chicles después de cualquier comida, de las sonrisas incluso cuando no las crea la espontaneidad.

Soy el que escapa siempre del hastío, el que no para de gritar, de saltar, de correr, de vivir. Soy aquel que necesita exprimir el jugo de todas las pequeñas y grandes cosas que forman parte de cada día de nuestra existencia, y que encuentra en ese jugo el mayor bien que nunca jamás ha existido ni nunca existirá: la maravillosa, magnífica, indescriptible y auténtica felicidad. El inmenso poder de la felicidad.

VIVE, sé feliz. Para eso estamos aquí.

miércoles, 15 de abril de 2015

Oda a Madrid.

Porque Madrid es el clímax de lo insuperable. Es variedad y contrastes, es infinidad de planes, de calles, de paseos, de árboles y balcones, de terrazas y azoteas, de atardeceres y eternidades. Es el oasis de la animación, del cambio y el movimiento, es enemiga del hastío, la apatía y las fronteras. Es la reina de la península, el corazón de España, la más pura representación de la esencia patria. El alma mater de los alumnos hispanos, de ella bebe el más alto estatus, el gran político, el gran artista, el gran literato. De Madrid nace todo, muriendo todo a la vez, es como el mundo al girar, como el horizonte mortal del Tártaro. Nace el periodista que ilumina los ojos de Alicante a La Coruña, de Barcelona a Huelva, de Oviedo a Málaga, de León, Toledo, Huesca, Cáceres hasta Canarias. Nace el primer empresario, el primer banquero, el primer historiador, el primer obrero. De Madrid nace todo, de Madrid, al cielo.

Madrid es la cuna del buen gusto, de la pureza hecha palacio, de la elegancia de la mejor moda. Es dinero hecho belleza, la urbe de la clase, el olor a Ralph Lauren, PdH o Tommy en cualquier recoveco de Moncloa o Chamberí, de Salamanca o La Castellana, de Nuevos Ministerios o María de Molina. Es melodía de Pereza, la armonía de lo vintage y lo chic, la síntesis de tradición y modernidad. Es un universo híbrido, mezcolanza de pijerío y hipsterismo, de alternativismo y look rockero. Es el lujo de las fachadas de Serrano y Goya, y el aire bohemio que impregna el ambiente de Tribunal y Fuencarral, de Ópera y La Latina. Es el buen sabor del elitismo que envuelve al Triángulo de Oro, a la calle Génova o a José Abascal, a las mansiones de la montaña, La Moraleja o Mirasierra.

Más bonita que ninguna, es bastión del espíritu nacional, de la pureza del idioma castellano y el reflejo de nuestra identidad cultural. Es la gran ciudad cercana, próxima a todo y a todos, puente entre Valencia y Cantabria, entre Bilbao y Cádiz, entre Zamora y Castellón de la Plana. Une kilómetros, distancias, personas y almas. Une corazones, recuerdos, pasiones y deseos. Es la ciudad de la unión, de la proximidad y el equilibrio, de la plenitud en sueños, de la plenitud en vida.

Madrid, la ciudad de la luz, de la euforia, la ciudad genuina, genial, increíble. Ciudad de la armonía, Madrid, ciudad indescriptible.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mientras siga habiendo amaneceres.

Ya se acabó el octubre que parecía un alma eterna dentro de mi eternidad, terminó la travesía de siempre, la dueña y señora de mis sentidos, y de mis destinos cuando parece que todo vuelve a hilarse en los caminos de perfección. La flor que nos regaló el porvenir a los pocos privilegiados que hemos logrado superar todos los obstáculos, y brillar plenamente bajo su luz. Luz dorada de sol casi invernal, que aunque parece transportarme únicamente al océano de los últimos recuerdos, no puede dejar en el olvido el aire fresco de aquellas largas tardes quinceañeras, junto al silbar de un cielo coruñés que por aquel entonces le sonreía con naturalidad a los detallitos más triviales. Nunca ha dejado de sonreír, pero quizá ahora le cuesta un poco más. Será cosa de los años, que encima al aliarse con los daños elaboran el peor de los cócteles, creando una curiosa y decadente mezcla de melancolía e incertidumbre existencial, como encontrando a un personaje perfecto para Nietzsche, si hubiera sido literato.

Es importante no olvidar que este sabor a noviembre en plenitud ya viene de antes, y que gracias a la profundidad de su estabilidad temporal, sé que siempre podré dormir tranquilo. Tranquilo de sentir que el pasear de mis secretos, de mis dichas y penas, de mis risas y mis lloros, seguirá teniendo el mismo sabor que un bonito día de no recuerdo cuando; de un bonito día que tuvieron el placer de fecundar el señor destino y mi esencia más eterna, que entonces entendió que las verdades personales valen más que cualquier dogma general. Y a veces es la verdad personal, la esencia verdadera de los mejores dogmas.

Filosofías a parte, recuerdo haber hallado lo más parecido al éxtasis una noche lluviosa frente a un mar infinito, enemigo del morir. Era el sonido de las olas susurrando que no hay nada que perder, mírame reír, volveremos a salir. A salir de todos los agujeros, porque nosotros podemos contra ellos, desgraciados hijos de la nada, malévola, ausente y misteriosa. Pero nada, al fin y al cabo, y con la nada morirán, si es que alguna vez han nacido.

Decía que filosofías a parte, pero es complicado cortar en partes lo que siempre ha estado unido, en superficie y profundidad, en identidad. Y es que es imposible no filosofar con melancolía, con la impotencia maravillosa, la maldita y vieja felicidad, sobre aquellos años locos. El primer noviembre de sonrisas fáciles, de lágrimas extrañas. El primer invierno de un volar sin igual, que no nos dejó indiferentes. Era resaca de pasión, y el postureo, todavía menor de edad, ya venía pisando fuerte. Dicen que bailar pegados es bailar igual que baila el mar, pregúntenselo al Atlántico cuando gritábamos desde el Playa Club, todavía prematuramente, que incluso si el cielo se cayera jamás dejaríamos de ser felices.

Me extendería más en llorar, o reír, aquellos primeros pasados. Pero toca continuar la historia, que el mundo sabe que el progreso es vida, y sin vida nada. El siguiente invierno, la calma suavizó nuestro cantar, pero la llama de la euforia que el alma había tenido el gusto de encender jamás de los jamases se atravería a apagarse. Y tomó su decisión con firmeza, considerando las vacilaciones para los mediocres, para los inseguros. Para los débiles, tristes y desamparados prójimos. No para el luchador. 

Y entonces la euforia, el fuego que alguna vez quemó, se olvidó por fin de sus cadenas, y por fin, otra vez, se liberó. Encontró aquí, en Madrid, en el corazón, después de surcar el más puro viento del oeste, su hueco, su perfección. Y os aseguro que nunca se atreverá a marcharse, pues ni un soplo del más temido huracán conseguirá borrar el fondo de lo que siempre ha sido una verdad indudable. Mi luz, mi fuego, mi llama será eterna siempre que el mundo siga siendo mundo. Siempre.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lady Madrid.

Me encanta que el asfalto de Alberto Aguilera me recuerde que el invierno está llegando a Madrid cargado de mil y una sorpresas, que siguen la línea de siempre pero son eso, la emoción hecha novedad. Y siempre me han gustado las sorpresas, sentir que con los pies fríos no se piensa bien, pero sí se vive feliz. Feliz, sobre todo si es Pereza la mejor de las acompañantes de estas noches que, ya desde hace dos añitos, nos susurran melodías de pasión. Y de motivación, qué duda cabe.

A mí es que me da la sensación de que Madrid tiene un color especial, puede que se lo haya pedido prestado a Sevilla, pero de cómo brilla, no hay duda alguna. Y más, en estas noches del noveno mes, maravillosa hibridación del sol de fin de verano y los abrigos de nueva temporada que harán juego con esa bufanda de siempre. La de Burberry, la de toda la vida.

Afortunado de que el tiempo siga parado, ensimismado frente a un oasis de carpe diem del que no quiere, no le permito, salir hacia la cruel y misteriosa incertidumbre. Porque ya me he comprometido de una vez con la plenitud, y en el correr del tercer año, entre el segundo y el cuarto, entre el primero y el quinto, seguiré, como he estado haciendo hasta ahora, aspirando de la mejor forma que pueda el aroma de la dulce perfección.

Porque aunque me cueste creerlo, está claro que nada es para siempre, que incluso a veces las cosas bonitas son finales, como en las películas. Pero es en verdad en el transcurso de las cosas, y no el fin, donde habita la mejor de las bellezas, y yo prometo y me comprometo a hacer que ese final parezca siempre que nunca, jamás, llegará a alcanzarnos. Y eso, eso es la chispa de la vida: no importa el terminar, sino el contenido de la historia. Mi historia, relato de extremismos. De profundos trompicones, tumbos, avatares. Pero de los buenos.

Viva.

Me gusta sentirme orgulloso del cabalgar del Cid campeador, el que sembró los suelos de aquellos lejanos años de fantásticas y maravillosas leyendas épicas. No había olvidado el increíble acto de amor que el magnífico San Isidoro de Sevilla había manifestado por su tierra, la tierra que ha sabido aportar luz al Viejo Continente como puerta principal de la Cristiandad europea. Es el viento de poniente, que desde que decidió soplar su verdad sobre todos los nobles pueblos que Roma fecundó, ha sabido crear un mundo repleto de belleza, con la fortaleza de estandarte y la libertad por bandera.

Es el pueblo que acogió con los brazos abiertos a franceses, alemanes, italianos, ingleses... La tierra que acogió a todos los cristianos en un trayecto que, como guía espiritual de Occidente, les empujó al extremo del mundo para contemplar la tumba del apóstol español. Es Santiago el Mayor, en la pura y fiel Galicia. Yo sigo pensando que fue la Providencia la que sintió que ese fuera mi nombre, aquella mi más sincera región, y ésta mi única e indivisible nación: Yago, Galicia, España. Está en el corazón.

El pueblo del que hablo, hijo de Roma, del mundo celta y el íbero, primogénito del sol, renegó de la esclavitud, le dio la espalda al odio. La gloria de la Virgen sembró, desde lo más hondo de la inmortal Zaragoza, un suspiro de espiritualidad serena, eterna, cercana. María, convertida en el Pilar, recorrió desde Aragón todos los rincones de España, y junto al Sagrado Corazón de su hijo hizo un pacto con el destino para protegernos de todo mal. Junto a Santa Teresa de Jesús, junto a Santiago, nos sumergió en la paz más infinita.

La vieja Iberia, la noble Hispania, nuestra querida España brilló sobre el orbe entero, más allá del mundo conocido, en la nueva India que vislumbró Colón. En la mezcla de razas, encontró una unidad idiomática sin igual, y de la diversidad logró alcanzar la universalidad más brillante. Que fue y es unidad de destino, ningún sabio lo puede dudar, lo dijo José Antonio, lo dijo Ortega. El pueblo que engendró a Cervantes, y que con su noble Don Quijote casi superó la profundidad sin igual que nos han legado las Sagradas Escrituras.

Es la nación de las naciones. Su influencia dotó al mundo de la segunda lengua más hablada, pero la más internacional. Que aunque el inglés sea la moda, la alianza entre el Viejo Mundo y el Nuevo sólo supo conseguirla en plenitud la belleza del español. Hasta Portugal, parte inicial de su esencia, envuelto en cruel envidia terminó renegando de sus grandezas, y caro lo ha pagado. El mundo anglosajón no ha podido con ella, ni el centenario odio francés. Ni Cataluña ni Vascongadas son capaces de negar su verdad. Portugal consiguió dar la mano a la mentira, aunque aún la Península Ibérica, todavía España no había alcanzado la mayoría de edad. Pero ahora, después de tantos siglos, imposible caer en la falsedad.

Eres tú, España, gran producto del destino, enorme creación de Dios. España, tan atacada y vilipendiada, tan negada por las modas, la ignorancia, por una falsa tradición. Negada por la envidia, por el prejuicio, por costumbres denigrantes. Yo te defiendo, hoy, mañana, como siempre lo he hecho. Yo te defiendo con valor, en un entorno hostil, en tiempos de vacío, de relativismo, de apatía, de decadencia. Yo, contra todo pronóstico, te defiendo desde mi alma, porque tú, tú España, eres parte de mi interior.

¡España! Ayer, hoy, siempre.

martes, 3 de diciembre de 2013

Distancia.

Es evidente que no se puede tenerlo todo. Que lo más inexplicablemente bello siempre trae aparejado problemas de algún tipo. Una parte esencialmente negativa que nos encierra en un laberinto donde el yin y el yang se pelean entre sí. 

Triste. La dicha de haber conseguido lo mejor, haber llegado al punto más alto jamás soñado... pero no es lo mismo al haber llegado solo. La distancia, eterna barrera que impide el verdadero éxtasis espiritual, relega a un segundo plano las pasiones propias de la cercanía material, que no es más que el germen de la cercanía psicológica entre varios seres. 

Distancia. Cruel dama, causante de las más lamentables desdichas. Enemiga por antonomasia de las perfecciones humanas. Tú, ladrona de esperanzas. Tú, pesadilla en apariencia inofensiva, pero que no duda en aparecer tras las espaldas del gentío... y clavar el peor puñal. Sutilmente, a sangre fría. Tú dibujas macabras sonrisas en un ambiente próspero a ojos del que no lo habita, pero repleto de falsedad ruin. Tú provocas los mayores males que se pueden encontrar en el interior del ser humano: el drama de la soledad, del sufrimiento en silencio... lo que no se expresa, lo no liberado.

Generas tristeza en silencio. Vacío, tormentos encerrados en una jaula de desesperación... y solo tú has hecho que nadie pueda alcanzar su libertad, que nadie sea capaz de desprenderse de cargas tan duras.

La peor de las villanas. La que no lo cuenta, no lo grita. La que no aparece nunca. Únicamente hace el mal... rodeada de un misterio de alejamiento cínico.

Sin duda alguna, la mejor actriz de todas. 

Distancia.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Adiós.

Qué extraño mundo,
tan amante del ayer, descolocado presente.
Escapadas más allá del horizonte,
hacia culturas perdidas, pero fantásticas. 

Eres el ocaso de Europa.
Conexión entre la magia celta por un lado,
y la brillantez árabe por otro.
Francia te saluda con odio y amor a la vez,
mientras seduces con tus contrastes
al mundo que tras el charco descansa.

Tú, anciana Reina de las reinas.
Con un pie en el progreso y otro en la tradición.
Tú eres fiel amiga de la tierra de San Nicolás,
de la aurora del Viejo Continente.
A pesar de la distancia, las estrellas os han unido.
Permanecéis unidas en esencia sin igual.

Elegante dama de los reinos del Norte.
Con tu folklore iluminas territorios enteros.
Bajo tu mirar no se encuentra final,
de un paraíso eslavo, asiático.
De un mundo de oropeles y tragedias.

Lugares exóticos, lejanos,
dorados reflejos de belleza sin fin.
Para los viejos gigantes, eso éramos.
En un mundo que abrazó la decadencia,
ya hace varias primaveras.

Y buceamos en otros universos,
si cabe todavía más alejados.
El destello de los Imperios Faraónicos,
junto al luminoso colorido de los palacios de Aladdín.

También nos perdimos en otros tiempos,
en siglos de poesía sentimental y simbolismo perfeccionista.
En épocas de Libertad absoluta y revoluciones profundas.
Un siglo de Imperios inacabables, y obreros insatisfechos.

Pero no fue nuestro único mundo,
viajamos junto al rey Arturo
y sus indestructibles fortalezas,
al son de la música juglaresca
mientras robábamos junto a Robin Hood
y despertábamos a la Bella Durmiente.

Surcamos un mar embravecido,
pero rico en irrepetibles experiencias.
En colores de Rusia, España.
Destellos medievales, orientales.
En eternas luces decimonónicas. 

Imparable huida, evasión irrefrenable. 


martes, 29 de octubre de 2013

Una vez más.

Tiempos teñidos de brisas marchitas, 
pero inmortales.
Lugares especiales, 
fiel reflejo de nuestra bella inmutabilidad. 

Tú. Yo.
Todo.

Se pusieron de acuerdo Cielo y Tierra.
O fueron la Luna y las Estrellas,
guiadas por una estela fugaz.
Rayos de brillantez.

Llámenle destino, llámenle fin.
Dulce creación del universo,
nada posee tanta plenitud.
Nada es más puro que lo nuestro.

Sucedió hace dieciocho primaveras,
cuando el firmamento iluminó nuestro océano encantado.
Supo aportar a la soledad un hermoso halo de luz.

Y, desde entonces,
todo fue maravilloso.

Años prósperos, 
repletos de un encanto inimaginable.
Leyendas que la posteridad se encargó de custodiar con cautela.

Fortuito o mera suerte, 
sin duda ha valido la pena.
Por ti y por mí.
Por hoy y ayer.
Por los años venideros...


JE T'AIME
 

domingo, 27 de octubre de 2013

Nadie.

¿Qué ocurre?
Nada nos completa, nada satisface.
Un oscuro abismo nos envuelve entra las nubes.
Cruel ausencia, soledad desgarradora.

Vaya a donde vaya, nadie le comprende.
Se fijan en lo ajeno, descuidan lo íntimo.
Fugaces historias ficticias.
Relatos vacíos, huecos.
Carecen de alma.

Falta poesía en mi mundo.
Sí, los versos llegan a mi alma,
pero solamente a la mía.

Un corazón que comparta, 
que sirva de guía en las tempestades.
Eso falta.

Ellos, lejos.
Ellos, también lejos.
No sirven de acompañantes,
ni siquiera son capaces de soñar. 

No sólo les separan kilómetros,
pues tampoco han probado la escritura.
No se han dejado ver por extraños cielos,
desconocidos pero placenteros.
Ni entienden de universos profundos,
sólo visibles a ojos de expertos.

Quizá los rasgos inusuales le distancien del gentío.
Quizá él mismo es su único mundo.

Encerrado en jaulas de oro,
su propia belleza la utiliza como fin,
no como medio.
¡Sorprendente hoy en día!

Algún día, no muy lejos en el tiempo,
se girará sobre sí mismo para observar su nombre.
Su nombre grabado en la arena.

Para que, si todos le olvidaron,
sea el mar el que le recuerde.
A un alma solitaria y pensativa.

Para que las olas le recuerden,
durante toda la eternidad. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Navegando.

No paro quieto en ningún sitio.
Sólo el camino posee sentido.
Sólo él es fuerza, energía.
Sólo él, maravilla.

Un nuevo universo de luces,
de efímera y brillante espuma.
Astro rey, corona de estrellas eternas el mapa estelar.
Paraísos dormidos, lagos vacíos.
Y quizá viejos mares legendarios.

También hay tempestad, sepa usted.
Estruendo de rayos y centellas,
Zeus no olvida un trabajo milenario. 

Y he ahí, entre truenos oscuros.
Entre parajes silvestres.
Entre montañas nevadas y playas desnudas.
Entre caminos mojados.
Ahí, ahí está Él.

Sobrevuela el orbe entero conocido,
huyendo de lo particular.
Sólo esencia universal, ansia de seguir escapando.

Continua novedad.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Recónditos.

Intrusos. 
Un estorbo para la plenitud. 
Máscaras extrañas, o simples hombres. 

Sus ojos se clavan firmemente en su mirar. 

¡Qué dejen de apuñalar lo más profundo de su alma! 
¡Qué olviden las facciones de su rostro! 

Paren de entrometerse en su interior. 

Jamás. 

La más sincera compañía de un mar solitario. 

Nadie debe inmiscuirse, 
únicamente necesita su presencia. 

A veces el gentío sólo genera soledad... 

mientras, el rubor de las olas libera su espíritu. 
Libera los demonios que lo atormentan. 

Solamente el océano le ofrece compañía.


viernes, 23 de agosto de 2013

E.

Unidos.
Por el amor a los bosques,
su aroma a frescura eterna.
Unidos, por la pasión por los ríos.
Madre Tierra, vieja pero sabia.

Unidos por la belleza del rostro,
por el culto al perfil, a unos brillantes ojos.
Unidos por la soledad,
por los largos paseos al amanecer.
Por el miedo a vivir.

Porque sí, Oh, bella Ninfa.
Nuestra belleza es un fin en sí misma.
Su valor es inmune al espacio, al tiempo.
Inmune al dolor, inmune al vacío.
Es verdadera.

La pluma de Shakespeare, de Homero, 
los versos clásicos más bellos.
Literatura antigua, inmortal arquitectura,
Grecia entera nos ha unido.

Unidos por la Libertad. Ella, única,
enemiga de las pretensiones,
pura y transparente.

Ella nos guio hacia los barcos,
hacia un mundo de pájaros.
Nos enseñó el océano. Y eso,
fue eso lo que más nos unió.

Ella, dulce Libertad, 
ella nos dio alas para volar.
Para volar sobre el mar.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Viajes.

Un día, no sé, algún mañana
tendré a mis pies el brillo del Mediterráneo al atardecer.
Emulando a los viejos nómadas,
caminantes errantes por las estepas de un complicado mundo.

Forastero. El olor a bosque bávaro.

No se observa final desde la playa de Ulises,
ni existen los principios.

Algún día me disfrazaré de ave,

y ni París sabrá mi identidad.
Vagabundeando sin patria,
solo sé volar.

Que me reciban dondequiera que esté,

sabiendo, eso sí, que la estancia será breve.
El camino es lo que cuenta, bien lo sabe la gaviota.

Diferente.

Europa nos guiaba
por sus recónditos huecos.
Más allá, cercano, allí,
un mundo de color.

Quizá era una nube de lejanía,

enfrentada al cruel poder de lo finito,
inconcebible, irreal.
Nunca lo sabremos, quizá sí.

Viajamos sobre el cielo de los recuerdos,
reinventándonos historias narradas por la nostalgia.
Ese nuevo mar nos condujo hacia la brisa.

Gaviotas sin patria, pero habitantes de los cielos.

Azul, siempre.


jueves, 11 de julio de 2013

Retorno.

Entré en aquel túnel,
sombrío y pedregoso, fiel guardián de un viejo vagón.
Tren olvidado, recuerdo de nadie;
una leve sombra, más cercana al frío ocaso que a un resplandeciente amanecer.

Sangre, caídas. Lo que fue otrora un espléndido mar, yace inerte en gélida tierra.
Lágrimas. Lo antaño dulce se volvió amargo, decadente, obsoleto.
Un mundo arcaico, anacrónico, reflejo de lo marchito. Pero bello.
Hermosura sin igual, pasión visual pura. 

Él, espejo de la inocencia, risas llenas de espontaneidad.
Lo pequeño, grande.
Viejos sueños, confinados por la Eternidad, alma caprichosa.
Astuta dama, envuelta en un halo de misterio, amante de la incertidumbre.
Cruel.

Escenas de terror se sucedían en cada momento.
Tragedia infinita, digna de Shakespeare.
La Julieta de Romeo, la Ofelia de Hamlet.
Miedo. 

Cerrando los ojos, un nuevo mundo, un nuevo espacio.
Un nuevo océano de deseos, de anhelos y conflictos.
La vida de ayer, los sueños de hoy. 

Caminos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Viva la vida.

Otro día más. Otro días más, igual o similar al anterior, monótono, rutinario, en el que las horas, los segundos y los hábitos son los mismos, sin cambios, sin novedades. Otro día más, pero igualmente otro día rebosante de sonrisas, de felicidad, de alegría y carcajadas. Porque gracias a algunas personas cada minúsculo minuto se convierte en un momento inolvidable, en recuerdos repletos de una belleza imperecedera. Simples personas que, no siendo nada del otro mundo, consiguen hacer que este mundo parezca mejor de lo que es. 

Preciosos paseos. Él le enseñaba cada calle, cada rincón, cada lugar en el que había transcurrido el último año de su vida. Sus sueños se habían cumplido, y por fin pudo ver como su mano derecha se acaba de instalar en la capital, iniciando aquel viaje que doce meses antes Él había comenzado. Se perdieron por las callejuelas, por los recovecos más recónditos de todo el centro de Madrid. Se quejaron de la incomodidad del metro, de la inmensidad de la urbe, de sentirse hundidos en un inacabable océano desde el que no se vislumbraba atisbo de tierra firme. Pero ante todo se sentían felices, el uno junto al otro. 

Miedo a que el ahora sea un triste ayer, a que lo que eran bellas flores se conviertan en malas hierbas. Ellas le vieron, y los cuatro actualizaron sus vidas. Parecía que habían regresado a un universo extraño, encerrado en una alejada nube que ya no vigilaba los mismos parajes de antaño. Pero los sentimientos eran los mismos, los mismos nervios, el mismo gusanillo. Las mismas estúpidas pero increíbles sonrisas. Y luego vino otra persona, parecía un ángel que se había escapado de Dios sabe donde. Una voz familiar, pero poco conocida. Alguien cercano, pero lejano a la vez. Amor e incertidumbre. Un regreso, una resurrección. Lo único verdaderamente claro es que todo había cambiado... Nunca sabremos si fue para mejor, pero el poder de los más profundos sueños algún día nos resolverá todas nuestras dudas. 

Y aunque ahora digo adiós, siempre se vuelve. Cada inicio es un final, cada muerte es una vida y cada sí es un no. Porque donde sonó un olvido, se escribió un recuerdo

lunes, 29 de abril de 2013

Nadando en círculos eternos.

Adiós. Es extraño decir adiós, adiós al olor de los veranos en las playas de la Ría de Arousa, en el mar que baña la arena de lugares como Sanxenxo o Pobra do Caramiñal. Adiós al frescor de aquellas noches, de aquellos largos paseos que nos conducían a universos alejados, a parajes repletos de incuestionable atractivo. Noches de sueños e ilusiones, los dulces años en los que comenzábamos a emocionarnos con series como Física o Química o El Internado. La intensidad de las largas caminatas por la ciudad hacia ningún sitio en concreto, de los secretos y las miradas, de los mil y un momentos de profunda y sincera espontaneidad. Aquellos años, cuando nada parecía tener final y el futuro solo era el atisbo de algo que nunca se haría realidad. Años con sabor a dulce, a calor, a imaginación ilimitada y a pasional locura juvenil.

Es cierto que el poder del tiempo ha encerrado esos momentos en viejos y desfasados cofres, pero la chispa de una fuerte intensidad no se ha apagado todavía. La arriesgada oscuridad de la noche y la fuerte luminosidad del sol al mediodía continúan presentes en su mundo onírico. Los años pasan, y esas imágenes todavía bucean en el interior de sus pensamientos. No se olvida. Ellas pasean alegremente por su subconsciente, dibujando en su mente los bocetos de aquellos antiguos proyectos que todavía Él no había sido capaz de materializar. Coloreando sonrisas sobre páginas doradas, pero inexistentes al fin y al cabo. Solo son sueños...

Era un cielo gobernado por nubes que anunciaban la llegada de relámpagos y centellas, frente a unos leves rayos de luz que harían que los colores del iris se dibujasen en el firmamento. Se encontró con personas que habían formado parte de su vida, en una época que ya pertenecía a aquellos cofres marchitos. La Solana estaba cerca, observando como el tobogán de la vida guiaba sus aguas desde el Reino del Sol Naciente hasta el ocaso del Viejo Oeste. La Rusia Roja dominaba la escena, provocando el temor y los horrores de su querida y fiel guardiana. Se hallaba prisionero de unos ideales, de un mundo que buscaba la libertad y terminó ahogándose en sus propias paredes. Ella le dejó, pero su hermana ocupó su lugar, triunfando en muchas decisiones pero sucumbiendo al poder de un control represivo en otras. Y luego estaba su mano derecha, su fiel presente, que apareció en un lugar macabro para mostrar una imagen impropia de su personalidad, una apariencia de pasotismo y ruin maldad. Le hizo llorar desconsoladamente, pero gracias a Dios despertó.

Le vieron sus estigmas y le arrancaron sus nuevos atributos. No le dejaban ser él. También le hicieron sonreír, soñar, dar saltos de indescriptible felicidad. Bajadas y subidas, pantanos y paisajes, calabozos y palacios. Dicha y alegría, muerte y vida, nunca y siempre. Como la vida misma.

martes, 26 de marzo de 2013

Nunca, siempre.

Ella le besaba. En su cama, juntos. En otro mundo, en otro lugar... Él sabía lo que iba a ocurrir, lo tenía claro. Visualizaba en su cabeza los acontecimientos, un futuro, un destino lejano.

La suavidad de la brisa marina, brisa diurna, clara y pura. Un sobresalto, un largo y profundo sueño. Movimiento y calma, tormenta y quietud. Era un buen día, un día soleado en el que no se vislumbraba ningún atisbo de nube en el cielo. Pero no era del todo real, en el ambiente se podía respirar una pizca de fantasía, un olor a historia, a novela, a pasado. Un sabor al más rico helado, pero derretido. Un bello lienzo, aunque repleto de telarañas. Como la vida, imperfecta, inalcanzable, llena de piedras, de agujeros vacíos, de edificios en ruinas. Escaleras viejas. 

Él era otro, pero la cama era la misma. No era extraño, no le sorprendía. El entorno le resultaba familiar, cercano, pero algo diferente al mismo tiempo. Una antigua casa, lejana en el tiempo y el espacio. Un castillo en sus sueños. Un palacio, una iglesia, un teatro. O un simple piso barato. No importaba, era un lugar especial, un rincón conocido, tranquilo, lleno de vida. De risas, de lágrimas, de actividad y reposo. Nunca había salido de allí, era su verdadero hogar. Lejos, pero cerca.

Y despertó. Pero como siempre. Siempre despierta. O no, él no lo sabe, porque nadie lo sabe. Quizá nunca despertó, pero nunca olvidará aquel sueño. Aquellos sueños. O aquellos días, días reales, tangibles, encerrados con candado en el interior de su memoria. Imágenes custodiadas por la poderosa fuerza de sus recuerdos.

Todo, nada. Un día, un lugar, una vida.