Sí, puede que me acueste tarde todas las noches, que la mayor parte de mi ropa sea de Inditex y que la música comercial me acompañe cada minuto de mi vida. Puede que la comida que más engorda se convierta en mi más dulce manjar, y que la bebida menos sana que existe me acompañe cada noche del fin de semana. Puede que me fije muchísimo más en personas bellas que en feas, y que el reggaeton sea el mayor pasatiempo de la noche. Puede que el cotilleo sea el más fiel amigo de cualquier monótona tarde, o que reírse de chonis y canis sea, sin duda, lo más fantástico del día. Puede que haya momentos en los que broncear mi piel y dar un paseo por la playa sea lo más gratificante. Puede que tarde mil horas en lavarme los dientes, la cara o el cuerpo. En hacer desaparecer de mi rastro las siempre odiadas, despreciables y anti-estéticas ojeras. Puede que lo superfluo no sea tan poco trascendental en la vida... La naturaleza, en sí, es lo más hermoso que existe por el simple hecho de no ser útil. Los ríos, los lagos, los árboles o las montañas se alían con la más hermosa creación humana que existe: el arte. Se alían con la música, la pintura, la literatura, el cine o la moda. Naturaleza y arte, belleza y brillantez.
Puede que solo me alegre con una simple sonrisa, o me entristezca con un incómodo silencio. Es probable que haya días en los que solamente necesite mirar al cielo, y observar el mar. Que solo necesite escuchar una historia, un relato... Viajar a un lugar perdido y a un tiempo pasado.
Es posible que el simple hecho de dejarme llevar por los sentidos me haga infinitamente feliz. Puede que no necesite moverme de un radio de 20 kilómetros cuadrados para poder alcanzar un indescriptible paraíso. ¡Y qué si soy un hedonista! No hace falta plantearse continuamente metas y objetivos, llegará un momento en el que el futuro le ganará la batalla al presente, y habrás perdido cosas que nunca jamás volverán. No lo permitas...
Sueña.
jueves, 18 de octubre de 2012
jueves, 4 de octubre de 2012
Enorme.
Edificios interminables, rascacielos inacabables, avenidas que parecen no tener fin. Un delicado olor a cristalino e infinito océano atlántico, un mar tranquilo e inmenso a donde las olas no han querido o no han podido llegar. Ya ha amanecido, y el claro cielo azul se presenta acompañado de un sol radiante e invernal, que ilumina cada esquina de cada calle y deja su caluroso impacto en las mejillas de cualquier transeúnte.
Pequeñas y grandes porciones de humo vuelan por el aire de la Gran Ciudad, consecuencia tanto del arte de fumar un cigarrillo como del frío aliento de cualquier individuo. Es noviembre, y bufandas y gorros se erigen como principales prendas para resguadarse de las gélidas temperaturas que marca el invierno neoyorquino.
Alegoría de la libertad, reina de los hombres. La Gran Manzana se encuentra defendida por su musa más leal, que pese al paso del tiempo conserva con entereza su penetrante mirada hacia el horizonte. Su expresión no es ni de simpatía ni de frialdad, si no de firmeza y claridad. Ha dedicado toda su vida a la defensa de la característica más importante del ser humano, y qué mejor manera de hacerlo que observando fijamente el gigantesco océano. Es una mirada de reflexión, de atención, totalmente desligada de autoritarismos represivos. Ella vigila el mar con libertad, pues no existe en el universo un lugar más libre que el océano.
Nueva York queda atrás, a poca distancia y situado en un enclave privilegiado. Sus universales rascacielos compiten en belleza con la hermosura natural del pulmón de la urbe, el extenso y mundialmente conocido Central Park. Todas las nacionalidades del mundo confluyen en las largas avenidas del principal centro cultural y social que existe en la actualidad. La antaño pequeña villa decimonónica, que apenas era conocida por las principales potencias de la época, se ha convertido indudablemente en un enclave de referencia internacional.
Desde lo más alto del Empire State solo se respira paz y una indescriptible y maravillosa sensación de perfecta plenitud. Sigue haciendo mucho frío, pero el sol cegador se dedica a calentar las rojizas narices de los turistas y conciudadanos. El mar está al fondo. La estatua lo preside. Suena la música y se cierra el telón.
Y ahora es cuando me pregunto si puede haber en el mundo algo mejor que todo esto. Bienvenidos a América. No, mejor dicho, bienvenidos a Nueva York.
Pequeñas y grandes porciones de humo vuelan por el aire de la Gran Ciudad, consecuencia tanto del arte de fumar un cigarrillo como del frío aliento de cualquier individuo. Es noviembre, y bufandas y gorros se erigen como principales prendas para resguadarse de las gélidas temperaturas que marca el invierno neoyorquino.
Alegoría de la libertad, reina de los hombres. La Gran Manzana se encuentra defendida por su musa más leal, que pese al paso del tiempo conserva con entereza su penetrante mirada hacia el horizonte. Su expresión no es ni de simpatía ni de frialdad, si no de firmeza y claridad. Ha dedicado toda su vida a la defensa de la característica más importante del ser humano, y qué mejor manera de hacerlo que observando fijamente el gigantesco océano. Es una mirada de reflexión, de atención, totalmente desligada de autoritarismos represivos. Ella vigila el mar con libertad, pues no existe en el universo un lugar más libre que el océano.
Nueva York queda atrás, a poca distancia y situado en un enclave privilegiado. Sus universales rascacielos compiten en belleza con la hermosura natural del pulmón de la urbe, el extenso y mundialmente conocido Central Park. Todas las nacionalidades del mundo confluyen en las largas avenidas del principal centro cultural y social que existe en la actualidad. La antaño pequeña villa decimonónica, que apenas era conocida por las principales potencias de la época, se ha convertido indudablemente en un enclave de referencia internacional.
Desde lo más alto del Empire State solo se respira paz y una indescriptible y maravillosa sensación de perfecta plenitud. Sigue haciendo mucho frío, pero el sol cegador se dedica a calentar las rojizas narices de los turistas y conciudadanos. El mar está al fondo. La estatua lo preside. Suena la música y se cierra el telón.
Y ahora es cuando me pregunto si puede haber en el mundo algo mejor que todo esto. Bienvenidos a América. No, mejor dicho, bienvenidos a Nueva York.
martes, 25 de septiembre de 2012
Perdidos.
Conozco un lugar lejano y a la vez cercano, un lugar que quizá hayas pisado o que quizá no. Un paraje solitario y repleto de gente. Un prado, una playa, una calle desierta. Una nube en el cielo, una estrella brillante, un sol decadente. Un misterioso precipicio hacia el abismo.
He comenzado una lucha que creo que tardaré en terminar, pues desde tiempos inmemoriales los hombres han participado de tal épica, valiente y difícil hazaña. ¿Cuándo entenderán los racionalistas que nuestro rico mundo no sería quien es sin la sin duda indescriptible, hermosa y enorme fuerza del musical mundo sensorial? Y no debo remitirme únicamente a lo auditivo, pues los conceptos más bellos que podemos apreciar los encontramos también en los restantes sentidos que pueblan y dan forma al extenso universo del ser humano.
Y es que el poder de la lógica no ha sabido adentrarse en ese mundo en el cual la concepción que tenemos del espacio y el tiempo desaparecen totalmente. Un lugar donde el cuerpo y la mente se desligan, se separan, buscan individualmente su propio camino. El cuerpo, reflejo de un hedonismo y artificio capaces de satisfacer a las más dulces pasiones del hombre, reposa profundamente liberando de su estructura a la verdadera esencia de cada personalidad. El alma huye, vuela libre sobre el mar, se adentra en lugares perdidos, lejanos, irreales.
Para los apegados a la razón, que suelen superar la fina línea entre lo admisible y el dogmatismo exacerbado, este hecho tendrá su clara y matemática explicación, totalmente inmutable e inmóvil. Para un servidor, el viaje por otros mundos supone un ejercicio de desafío, de revolución, de libertad en el sentido más exacto de la palabra. Sí, un ejercicio de apasionada libertad.
Solo los autócratas son capaces de reprimir sus principales características humanas al coartar un concepto demasiado inherente a nuestra naturaleza, que no es otro que la espléndida libertad. Y no olviden, pues, que aquel que extermina a la libertad humana no hace más que aniquilar a los sueños.
Recuérdenlo, sin libertad no se puede soñar.
sábado, 18 de agosto de 2012
Gaviotas.
Comenzando, finalizando, esperando un maravilloso viaje. Sin restricciones, sin reglas, sin órdenes. Un largo viaje, no fácil, pero sí recomendable. Sobrevolando ciudades, campos, ríos, lagos. Sobrevolando mares. Viajando por encima de lo real.
Recorriendo kilómetros, superando obstáculos. Atravesando la fina línea entre lo convencional y el libre albedrío. Huyendo hacia parajes deshabitados, hacia épocas remotas, hacia escondidos y lúgubres castillos. Huir, sí, esa es la palabra. Escapar del tiempo presente, pues dicen que todas las épocas pasadas son mejores. Quizá tengan razón.Quizá no.
Jaulas de oro, prisiones de algodones. Salones aparentemente acogedores, pero cargados de momentos trágicos y desalentadores. Bello por fuera, decadente por dentro. Es el momento de romper lazos con el orden establecido, con la comodidad tradicional. Es el momento de escapar.
Árboles centenarios, animales exóticos, flores en pleno renacer primaveral. Relajantes olas que se disputan el dominio del mar con la calma. Una isla perdida, desierta. Una pequeña nube, un sol cegador. Lluvia. Frío. Mucho frío. Naturaleza viva, un paraíso de ensueño. Es tierra sin dueño, no hay límites con cualquier otra nación. Ciudadanos del mundo.
Melodía para los oídos, suavidad para el tacto, perfume para el olfato, belleza para la vista, dulce para el gusto. Tranquilidad plena, anulación del tiempo, desaparición de las preocupaciones. Un cúmulo de indescriptibles y subjetivas percepciones. La infinidad reina y gobierna. Vuelan gaviotas.
Recorriendo kilómetros, superando obstáculos. Atravesando la fina línea entre lo convencional y el libre albedrío. Huyendo hacia parajes deshabitados, hacia épocas remotas, hacia escondidos y lúgubres castillos. Huir, sí, esa es la palabra. Escapar del tiempo presente, pues dicen que todas las épocas pasadas son mejores. Quizá tengan razón.
Jaulas de oro, prisiones de algodones. Salones aparentemente acogedores, pero cargados de momentos trágicos y desalentadores. Bello por fuera, decadente por dentro. Es el momento de romper lazos con el orden establecido, con la comodidad tradicional. Es el momento de escapar.
Árboles centenarios, animales exóticos, flores en pleno renacer primaveral. Relajantes olas que se disputan el dominio del mar con la calma. Una isla perdida, desierta. Una pequeña nube, un sol cegador. Lluvia. Frío. Mucho frío. Naturaleza viva, un paraíso de ensueño. Es tierra sin dueño, no hay límites con cualquier otra nación. Ciudadanos del mundo.
Melodía para los oídos, suavidad para el tacto, perfume para el olfato, belleza para la vista, dulce para el gusto. Tranquilidad plena, anulación del tiempo, desaparición de las preocupaciones. Un cúmulo de indescriptibles y subjetivas percepciones. La infinidad reina y gobierna. Vuelan gaviotas.
miércoles, 8 de agosto de 2012
Living the life.
Chocolate. Frappé de fresa del Starbucks, o del Vecchio. Un cielo claro y soleado, sin atisbo de nubes. La inmensidad del mar. Sonrisas. La suave melodía de ''Payphone'' (Maroon 5). Polo azul marino de Ralph Lauren, talla S. Pantalones cortos beige, de Pull and Bear. Converse blancas y alpargatas azules. Es verano. Pulseras de cuero, relojes de plástico, piel ligeramente bronceada. Risas. Cotilleos. Fotografías, películas, series de televisión. Amigos. La familia. Cumpleaños, diecisiete dieciocho años. Una coca-cola en el Amura, una cenita en Cambalache. Un paseo cerca de la Maestranza, un recuerdo de la Hípica. Un chupito de tequila. Un atardecer.
Un libro sobre la realeza decimonónica; la corte británica, el lujo imperial ruso. Recordando ''La Cenicienta'', ''101 Dálmatas'' o un cómic de ''Mortadelo y Filemón''. Amando España, su idioma, su historia, su cultura, sus tradiciones. Galicia y su paisaje, sus playas, sus bosques, su clima. La Coruña, la ciudad más bonita del mundo. Un poema de Bécquer, de Espronceda. Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno. Un cuadro de Miguel Ángel, un palacio barroco, un traje de dandy inglés. Nueva York, Roma, París, Madrid. Europa, América. Una ayuda a los pobres, un canto de esperanza, una pizca de alegría, de optimismo.
Vivir.
Un libro sobre la realeza decimonónica; la corte británica, el lujo imperial ruso. Recordando ''La Cenicienta'', ''101 Dálmatas'' o un cómic de ''Mortadelo y Filemón''. Amando España, su idioma, su historia, su cultura, sus tradiciones. Galicia y su paisaje, sus playas, sus bosques, su clima. La Coruña, la ciudad más bonita del mundo. Un poema de Bécquer, de Espronceda. Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno. Un cuadro de Miguel Ángel, un palacio barroco, un traje de dandy inglés. Nueva York, Roma, París, Madrid. Europa, América. Una ayuda a los pobres, un canto de esperanza, una pizca de alegría, de optimismo.
Vivir.
sábado, 4 de agosto de 2012
∞
Dicen que cuanto más lejos te vas de un lugar querido, más lo echas de menos. Cuanto más tiempo estás fuera de casa, más la extrañas. Que aún las veces en las que te hartas de tu hogar, cuando te aburres y sientes que necesitas un cambio... Aún en esos momentos permanece en el alma una pizca de olor a recuerdo, de sabor a antiguo, de aroma a nostalgia. Un sentimiento de proximidad, de cercanía, de plenitud. La belleza en todo su esplendor.
Un paseo para recordar. Edificios, muchos edificios de diferentes épocas. Un horizonte inacabable, un océano sin fin. Rincones, recovecos, caminos, callejones. Una gran cantidad de materia aparentemente fría, sin atractivo humano. Sí, es solo apariencia. Es un indescriptible paseo marítimo, el más largo de Europa, que conecta las atractivas y animadas calles coruñesas con magníficas y abarrotadas playas urbanas. El Milenium, Riazor, el Orzán, la Casa del Hombre, el Aquarium, las Lapas, la siempre viva y nunca olvidada Torre de Hércules, San Amaro, la Hípica, el dique de abrigo, el castillo de San Antón, la Solana, el Parrote, la Marina.
Un sinnúmero de nombres, de monumentos, de centros sociales, de playas, de simple pero enigmática tierra gallega que esconde tras de sí una historia interminable, milenaria, mítica... Un pasado legendario, fruto de las narraciones orales, alimentado de tradiciones que en origen se mezclaban con lo divino y sobrenatural. Un paraíso perdido, oculto para los ojos de los mortales más mediocres y sencillos, abierto para aquellos aventureros que ambicionan superar la barrera entre lo superficial y lo profundo. Una ciudad solo visible para los soñadores, para los que saben que detrás de lo meramente sensible se encuentra algo grande. Maravilloso.
Un paseo para recordar. Edificios, muchos edificios de diferentes épocas. Un horizonte inacabable, un océano sin fin. Rincones, recovecos, caminos, callejones. Una gran cantidad de materia aparentemente fría, sin atractivo humano. Sí, es solo apariencia. Es un indescriptible paseo marítimo, el más largo de Europa, que conecta las atractivas y animadas calles coruñesas con magníficas y abarrotadas playas urbanas. El Milenium, Riazor, el Orzán, la Casa del Hombre, el Aquarium, las Lapas, la siempre viva y nunca olvidada Torre de Hércules, San Amaro, la Hípica, el dique de abrigo, el castillo de San Antón, la Solana, el Parrote, la Marina.
Un sinnúmero de nombres, de monumentos, de centros sociales, de playas, de simple pero enigmática tierra gallega que esconde tras de sí una historia interminable, milenaria, mítica... Un pasado legendario, fruto de las narraciones orales, alimentado de tradiciones que en origen se mezclaban con lo divino y sobrenatural. Un paraíso perdido, oculto para los ojos de los mortales más mediocres y sencillos, abierto para aquellos aventureros que ambicionan superar la barrera entre lo superficial y lo profundo. Una ciudad solo visible para los soñadores, para los que saben que detrás de lo meramente sensible se encuentra algo grande. Maravilloso.
lunes, 23 de julio de 2012
I am loving it.
Me gusta el chocolate, la bollería, las patatas, el filete de pollo, el queso... La comida en general. De beber coca-cola, fanta y zumo de naranja, sin olvidar el vodka, el bakardi y el licor 43. Lo olvidaba, necesito mascar chicle después de comer. Amo dormir sin despertador, sumergirme en el mar y tomar el sol dentro y fuera del agua. El moreno es muy estético, sienta genial. Ducharse después de la playa es algo fantástico. ¡Que sí, que adoro el verano! También me gusta escuchar música pop y reggaeton, y combinar la ropa. Sí, la ropa, otro placer. Parecido al de viajar, conocer nuevos lugares, pasear por nuevas calles, observar bellos monumentos... Sí, me gusta andar, ¿por qué no? Otra afición mía es la historia, con sus batallitas, sus excéntricos y divertidos personajes, sus contradicciones y pequeños detalles... También me gusta escribir, y dejé extrañamente de pintar hace tiempo, no sé, cosas que pasan(?). También me gusta leer, sobre actualidad, history... O simplemente sobre la ''idílica'' vida de los famosos. Amo las comedias españolas, como ''La que se avecina'' o ''Aída'', y la verdad no me atraen nada las series americanas. De pequeño disfrutaba con cualquier dibujo animado, leyendo ''Mortadelo y Filemón'' o viendo ''Los Simpson''. Me gusta hablar, entablar conversaciones con mis amigos, conocidos, compañeros y familiares, reírnos de tonterías, recordar viejos tiempos... Creo que me intento guiar por el bien, una fuerza humana que nos ayuda a actuar positivamente día a día.
Sí, me gusta la vida. Está hecha de este tipo de pequeñas cosas, cosas que crean algo grande.
Sí, me gusta la vida. Está hecha de este tipo de pequeñas cosas, cosas que crean algo grande.
sábado, 21 de julio de 2012
♥
El ser humano está acostumbrado a cansarse muy pronto de la monotonía de sus días, de una rutina desprovista de ilusión y motivación. Nos cansan las canciones, los lugares de ocio, las series de televisión, la ropa... Incluso nos cansan las personas. Nos cansan sus defectos, sus manías, sus continuos errores... Nos cansamos hasta de nosotros mismos.
Entre toda esta triste realidad se encuentra una palabra superior a sentimientos tan desalentadores y pesimistas. Es la palabra ''amistad''. Un amigo es aquella persona en la cual pesan más las virtudes que los defectos, alguien con quien puedes estar en cualquier lugar, pues no te vas a aburrir. Alguien con quien puedes hablar de mil y un temas de conversación, tanto superfluos como profundos.
Alguien con quien los silencios, que suelen escasear, nunca son incómodos. Alguien con quien se pueden compartir las cosas bellas de la vida, como una simple comida, una canción, una película, un libro, una anécdota, una risa, un baño en el mar, una fotografía, un viaje... Todo ciertamente.
Recuerda que un amigo no es una persona perfecta, pero sí puede ser la persona perfecta para ti.
Entre toda esta triste realidad se encuentra una palabra superior a sentimientos tan desalentadores y pesimistas. Es la palabra ''amistad''. Un amigo es aquella persona en la cual pesan más las virtudes que los defectos, alguien con quien puedes estar en cualquier lugar, pues no te vas a aburrir. Alguien con quien puedes hablar de mil y un temas de conversación, tanto superfluos como profundos.
Alguien con quien los silencios, que suelen escasear, nunca son incómodos. Alguien con quien se pueden compartir las cosas bellas de la vida, como una simple comida, una canción, una película, un libro, una anécdota, una risa, un baño en el mar, una fotografía, un viaje... Todo ciertamente.
Recuerda que un amigo no es una persona perfecta, pero sí puede ser la persona perfecta para ti.
lunes, 11 de junio de 2012
Carpe diem.
Puedo afirmar que la rapidez con la que todo ha cambiado estos últimos años ha afectado a un sinnúmero de personas de edades similares a las de un servidor. Pensábamos que no íbamos a ver como esa atractiva e inexplicable belleza desaparecía en mil pedazos, pedazos difíciles de recomponer como si de un sencillo e infantil puzzle se trataran. Pero el tiempo ha vuelto a poner las cosas en su lugar, según un sabio dicho, y en el corazón y el alma de un joven cansado de la vida vuelven a estar presente la inquietud e ilusión por disfrutar de las más hermosas sensaciones naturales.
También dicen que después de la tormenta viene la calma, que lo importante es apreciar lo bello de la vida y que de las cosas malas se aprende. Dicen mucho y sienten poco, o viceversa... La gran mayoría la forman los que dejan a un lado el prudente pensamiento y se ahogan en un mar de sentidos capaz de provocar en ellos fuertes sentimientos de dramatismo interior. Y es que a pesar de ser lo más importante, las sensaciones humanas no deben olvidarse del enorme poder de la razón, capaz de garantizar el justo orden que todos necesitamos. Pero esa es otra historia...
Lugares deshabitados, reflejos de un pasado tan esplendoroso como patético. Tiempos pretéritos repletos de contrastes. Nadie se ha preocupado de buscar nuevos lugares, nuevas emociones e ideales. Muchos aceptaron que aquel mágico mundo propio de las historias de Disney había muerto para siempre, sucumbiendo al cansancio de la desilusionante rutina que ellos mismos habían creado y a los excesos de un racionalismo que se había alejado demasiado de lo sentimental. Muchos creyeron que la esencia de la vida era alcanzar una meta, dejando a un lado los efímeros pero importantes instantes que componen nuestra existencia. El tiempo vuela señores, no podemos dejarlo pasar.
Pocos privilegiados se dieron cuenta de que son las pequeñas cosas la base de todo lo bueno, pues no podemos olvidar que por suerte o por desgracia estamos claramente determinados por el continuo y rápido paso del tiempo. Que hay muchas cosas capaces de hacernos disfrutar, detalles que nos sumergen en una relajante nube atemporal en la cual lo malo ha desaparecido totalmente. Carpe diem, sin duda.
Los viernes no son un simple paso hacia un sábado basado en el mero consumo de alcohol durante la madrugada y a un vacío y deprimente domingo. No son un día más marcado por el intensivo estudio de unas asignaturas que apenas provocan la más mínima satisfacción vital. Son más que eso, son días en los que las preocupaciones semanales desaparecen, en los que te acuestas tarde porque sabes que no tendrás que madrugar, en los que la palabra ''estudio'' no está presente porque, al final y al cabo, el cerebro necesita relajarse.
Pocas personas podrán presumir de haberse pasado la mayoría de los viernes de un curso como 2º de Bachillerato sentados en las lujosas sillas de la cafetería Rocco de los Cantones Village. Días de frío tomando un caliente y agradable café con leche al lado de la mejor compañía, al lado de aquellas personas a las que se puede llamar ''amigos''. Tardes al son de lentas y antiguas canciones en las que el tiempo se ha detenido, en las que el bien, cual fábula tradicional, le ha ganado la batalla al mal.
Dicen que es difícil poner por escrito aquello que se siente, pero volvemos a caer en la falacia de seguir a rajatabla los muchos dichos que proliferan en nuestro entorno. Una carcajada frente al mar de Coruña, rodeado de plateados y dorados muebles y tras contarle a tus amigos las peripecias de cada semana colegial, puede ser descrita con toda su carga emocional. Mascar un dulce chicle de fresa tras tomar un refrescante vaso de coca-cola es otro de los pequeños placeres que encontramos en una cafetería ricamente decorada, reflejo de una ciudad donde lo estéticamente bello está presente en muchos de sus rincones.
¿Para qué queremos más?
También dicen que después de la tormenta viene la calma, que lo importante es apreciar lo bello de la vida y que de las cosas malas se aprende. Dicen mucho y sienten poco, o viceversa... La gran mayoría la forman los que dejan a un lado el prudente pensamiento y se ahogan en un mar de sentidos capaz de provocar en ellos fuertes sentimientos de dramatismo interior. Y es que a pesar de ser lo más importante, las sensaciones humanas no deben olvidarse del enorme poder de la razón, capaz de garantizar el justo orden que todos necesitamos. Pero esa es otra historia...
Lugares deshabitados, reflejos de un pasado tan esplendoroso como patético. Tiempos pretéritos repletos de contrastes. Nadie se ha preocupado de buscar nuevos lugares, nuevas emociones e ideales. Muchos aceptaron que aquel mágico mundo propio de las historias de Disney había muerto para siempre, sucumbiendo al cansancio de la desilusionante rutina que ellos mismos habían creado y a los excesos de un racionalismo que se había alejado demasiado de lo sentimental. Muchos creyeron que la esencia de la vida era alcanzar una meta, dejando a un lado los efímeros pero importantes instantes que componen nuestra existencia. El tiempo vuela señores, no podemos dejarlo pasar.
Pocos privilegiados se dieron cuenta de que son las pequeñas cosas la base de todo lo bueno, pues no podemos olvidar que por suerte o por desgracia estamos claramente determinados por el continuo y rápido paso del tiempo. Que hay muchas cosas capaces de hacernos disfrutar, detalles que nos sumergen en una relajante nube atemporal en la cual lo malo ha desaparecido totalmente. Carpe diem, sin duda.
Los viernes no son un simple paso hacia un sábado basado en el mero consumo de alcohol durante la madrugada y a un vacío y deprimente domingo. No son un día más marcado por el intensivo estudio de unas asignaturas que apenas provocan la más mínima satisfacción vital. Son más que eso, son días en los que las preocupaciones semanales desaparecen, en los que te acuestas tarde porque sabes que no tendrás que madrugar, en los que la palabra ''estudio'' no está presente porque, al final y al cabo, el cerebro necesita relajarse.
Pocas personas podrán presumir de haberse pasado la mayoría de los viernes de un curso como 2º de Bachillerato sentados en las lujosas sillas de la cafetería Rocco de los Cantones Village. Días de frío tomando un caliente y agradable café con leche al lado de la mejor compañía, al lado de aquellas personas a las que se puede llamar ''amigos''. Tardes al son de lentas y antiguas canciones en las que el tiempo se ha detenido, en las que el bien, cual fábula tradicional, le ha ganado la batalla al mal.
Dicen que es difícil poner por escrito aquello que se siente, pero volvemos a caer en la falacia de seguir a rajatabla los muchos dichos que proliferan en nuestro entorno. Una carcajada frente al mar de Coruña, rodeado de plateados y dorados muebles y tras contarle a tus amigos las peripecias de cada semana colegial, puede ser descrita con toda su carga emocional. Mascar un dulce chicle de fresa tras tomar un refrescante vaso de coca-cola es otro de los pequeños placeres que encontramos en una cafetería ricamente decorada, reflejo de una ciudad donde lo estéticamente bello está presente en muchos de sus rincones.
¿Para qué queremos más?
sábado, 28 de abril de 2012
Nunca pensamos que llegaría.
Clases de geo en las que Taber nos manda callar. Risas máximas en inglés las últimas horas de los viernes. Cómodas conversaciones en latín aparentando que hacemos algo. Entretenidos debates en lengua que amenizan los minutos y las horas. Clases de filo en las que recuperamos el sueño perdido. Carcajadas en gallego a raíz del apellido ''Cácamo''...
Podría seguir escribiendo y escribiendo, pues desde el 16 de septiembre ha habido demasiados buenos momentos, multitud de pequeñas anécdotas que han hecho que 2º de Bachillerato fuese un curso llevadero dentro de lo que cabe. He pasado casi catorce años de mi vida en el colegio, y la verdad es que este último año ha sido uno de los mejores, por no decir el mejor. Sin la existencia de muchas personas esto no habría sido posible, así que doy las gracias a todos los que han sabido hacerme disfrutar en la etapa más agobiante de nuestra vida académica.
Gracias, 2ºC, por haber conseguido alegrarme en cada instante, en cada momento... He vivido diez meses a vuestro lado y a la mayoría de vosotros os conozco desde siempre, aunque este año ha sido realmente excepcional. Gracias a vosotros me llevaré allá a donde vaya un grato recuerdo de este singular colegio llamado Santa María del Mar.
Y no solo doy gracias a mi clase, si no a muchas personas que también han aportado algo para este difícil año transcurriera de la mejor manera posible.
GRACIAS. Un placer haber navegado con ustedes.
martes, 17 de abril de 2012
Por España.
Un país caracterizado por la permanencia dos inmaduros frentes ideológicos, que en lugar de juntar sus esfuerzos colectivos se dedican a desprestigiarse mutuamente, provocando que el sentimiento de unión patrio no esté presente en el conjunto de los ciudadanos. Donde el tópico de las dos Españas no es tan tópico, pues en casi cuarenta años no hemos conseguido superarlo. Una nación que se ampara en los nunca aconsejables extremismos políticos, simplificando la libertad de pensamiento y favoreciendo la aparición de posturas intolerantes y autoritarias. Un país donde la derecha tiene que ser monárquica y la izquierda antipatriótica. Donde unos utilizan la bandera rojigualda y otros la tricolor, por no olvidar a los defensores de la del águila de San Juan. Donde unos escuchan la Marcha Real y otros defienden el Himno de Riego. Donde se tilda de fachas a los que muestran públicamente su amor por la patria. Donde se profundiza en las heridas del pasado, echando continuamente leña al fuego en lugar de aprender de los errores. Un país dividido, en definitiva... Un país que dista de otras naciones en la que sus habitantes, por encima de la diversidad de opiniones (claramente rica y respetable) sienten como su natural individualidad encuentra su más pleno y esencial sentido en un concepto histórico, cultural, lingüístico y social llamado país. Nación, tierra... Un concepto llamado patria.
¿Es esta la imagen que queremos de nuestra España? Un país donde nadie defiende sus símbolos y donde echar la culpa a los demás y faltar el respeto a las opiniones ajenas está a la orden del día. Deberíamos replantearnos la situación, porque quizá nuestro día a día actual no difiere mucho de la crisis moral que hace poco más de un siglo asolaba nuestra más querida tierra. Sí, me estoy refiriendo a la crisis del 98, aquel acontecimiento tan criticado por notables escritores como Unamuno, Baroja o Valle-Inclán, que probablemente sea similar a lo que está ocurriendo hoy en día.
Quizá es hora de protagonizar una nueva regeneración. Ahora más que nunca, por encima de todas nuestras diferencias... Plus ultra.
¡Por España!
¿Es esta la imagen que queremos de nuestra España? Un país donde nadie defiende sus símbolos y donde echar la culpa a los demás y faltar el respeto a las opiniones ajenas está a la orden del día. Deberíamos replantearnos la situación, porque quizá nuestro día a día actual no difiere mucho de la crisis moral que hace poco más de un siglo asolaba nuestra más querida tierra. Sí, me estoy refiriendo a la crisis del 98, aquel acontecimiento tan criticado por notables escritores como Unamuno, Baroja o Valle-Inclán, que probablemente sea similar a lo que está ocurriendo hoy en día.
Quizá es hora de protagonizar una nueva regeneración. Ahora más que nunca, por encima de todas nuestras diferencias... Plus ultra.
¡Por España!
lunes, 16 de abril de 2012
Huir.
Cosas que se acaban. Que nunca volverán. Desaparecen con el paso del tiempo, con el fluír de los ríos. Se desvanecen en la fría espuma del mar.
Y puede que yo sea como uno de esos románticos decimonónicos que huyen de un mundo en el que la sentimentalidad individual tiene que luchar contra el poco atractivo poder de la razón. Es posible también que yo sea como uno de esos poetas modernistas que se refugian en la gloria de épocas pasadas y en un rico mundo sensorial y colorista, repleto de imágenes de joyas, castillos y palacios. Puede que no esté preparado para afrontar una realidad fría y monótona, siendo la muerte la última vía de evasión de un mundo donde lo bello nunca encontrará su más profunda y apasionada plenitud.
Eso sí, hay algo claro: sin la vida nada sería posible. Lo bueno, los sueños, las aspiraciones, los anhelos... Son el resultado de una existencia, de una experiencia vital, de un camino temporal. Sin la imperfecta vida nada existiría, pues aunque nos permitiríamos el lujo de desconocer lo pernicioso tendríamos la mala suerte de no disfrutar de lo hermoso. No olvidemos que aunque la vida nos golpea con lo malo también nos sorprende con lo bueno. La vida es la vida. Es decir, lo es todo.
lunes, 2 de abril de 2012
¡Bienvenidos!
Mucho calor. Demasiado. Ni un atisbo de
fresca y estimulante brisa estival se aprecia en el interior del lugar.
Asfixiante pero atractivo. Bello.
Madera
blanca. Azul, verde, naranja: coloridos cristales que saludan al
indescriptible mar coruñés desde un cuarto piso. Una estampa
enigmática, una imagen costera, marítima. Un hogar entrañable y
ambicioso a la vez. Único.
Solo
una original galería decimonónica funciona como entrada de la clara luz
solar y del reconfortante aire coruñés. No hay más vanos en la casa que
expulsen al sofocante bochorno interno... Únicamente un tímido patio.
Es una morada antigua, singular, brillante.
Tras
la original galería podemos observar un majestuoso comedor constituído
por un armónico conjunto de elegantes muebles castellanos, el cual ha funcionado
como centro de reunión familiar a lo largo de más de medio siglo. Los
pedestales encierran numerosas obras de porcelana de Sargadelos,
ejemplo del más puro arte cerámico de nuestra siempre querida y
admirada Galicia.
Los techos del magnífico comedor y de la moderna sala de estar se encuentran adornados
por elegantes lámparas de araña, lámparas que no serían nada sin el
recuerdo de unas románticas y luminosas velas. Cuadros, fotografías,
libros de historia y grandes obras de la literatura universal componen
un espacio que ha ido evolucionando de mera residencia de la adinerada
burguesía a escenario de la vida de nuevas generaciones actuales... Jóvenes influidos por una apasionante y contradictoria libertad, a
menudo alejada de un indiscutible y universal orden natural.
¿Y
el resto de la casa? El espíritu de nuevas épocas ha configurado un
nuevo marco hogareño, caracterizado por la simpleza decorativa y
bastante alejado del barroquismo de antaño. ¿El resultado? Sería
aventurado afirmar que la belleza ha desparecido, pero no podemos negar
que resulta menos atractivo que la inigualable parte antigua del
edificio.
Hogar, dulce hogar.
jueves, 29 de marzo de 2012
Una vez en un sueño.
Paseando por atractivos y nostálgicos rincones.
Un lugar inaccesible para el común de los mortales.
Hay que subir escalones.
Subir, andar, caminar, correr, esperar.
Buscando ideales que son eso, ideales.
Pero nos hacen felices.
¿Podéis esperarme? ¡Yo también quiero ir!
Escapan como si un guardia les persiguiera. Como si hubieran hurtado.
Bajan después de que yo haya subido. Ridículo.
Siempre he querido estar ahí. No sé por qué.
Te he encontrado pequeña. ¡No huyas!
Bajaron la rampa, ¿tú también te vas?
Les he perdido de nuevo.
¡Oh! He llegado a otro lugar. Sublime. Si no estuviera asqueroso.
Solo hay basura por toda la calle. ¡Deplorable! No hay más que suciedad.
¡Allá están! Me pregunto si sintieron la porquería del ambiente.
Lo dudo, creerán que es algo normal.
El mar está cerca. Siempre lo ha estado.
Y ahora, ¿dónde estoy? Nadie lo sabe.
Extraños monumentos andantes.
Me rodean, no entiendo.
Asquerosidad irracional. Monstruosidad sin igual.
Belleza relativa.
Plenitud.
Círculos cíclicos.
Incertidumbre.
Extraño placer.
Un sueño.
sábado, 24 de marzo de 2012
Por encima de lo real.
Un cambio con respecto al pasado. Ruptura e innovación. Un lugar repleto de vegetación urbana. Con bancos y personas.
Hasta ahí lo verídico. ¿Y todo lo demás? Comienza donde acaban mis pies.
La caja china encierra la más sentida y maravillosa sonrisa. Hay huecos para la soledad dentro un espacio en apariencia infinito. Tiempos olvidados que han regresado para reactivar la esencia de algo que ya no debería existir. Algo que realmente ha desparecido, pero solo realmente. Fantasiosas fantasías que otorgan al ambiente una extraordinaria e inexplicable belleza, solo conocida a través del inabarcable y atractivo poder sensorial.
Nieva. El aire se desprende de la realidad dejando espacios vacíos donde nadie gobierna y la nada permanece. El solitario ambiente no es más que el resultado del continuo movimiento de la naturaleza, del cual sin duda es partícipe el ser de los seres. La transformación de su aparato auditivo en un destacado ornamento animal supone una asombrosa e increíble novedad. Un ciervo. Quizá un reno. Una sorprendete evolución.
Pero de pronto ese indescriptible mundo desaparece entre las sombrías tinieblas de lo desconocido, dejando paso a un universo quizá más complejo e incomprensible. Un nuevo y complicado mundo.
domingo, 18 de marzo de 2012
Algo más que una ciudad.
Las magníficas vistas desde los naturales jardines de la Maestranza. Nuestros sensibles ojos son capaces de observar un pedacito de tierra firme al otro lado del mar. Pero solo un poco... ¡Ya no es Coruña!
Coruña, el mar. Coruña y el mar, el mar y Coruña. Sería imprescindible una cosa sin la otra. Lo más bello está ante nosotros, ¿para que queremos más? Una fría pero agradable brisa impregna el ambiente diurno. El sol permanece en lo alto calentando los más recónditos y amplios rincones de la ciudad. Marzo o Agosto, la sensación es la misma. ¡Increíble!
Ella es una de las mejores compañeras del calor coruñés. La Solana, hogar de miles de ciudadanos que se deleitan con el agradable bronceo de sus cuerpos y un tranquilizante baño en la piscina, finalizando con el disfrute de una relajante y placentera ducha. El castillo de San Antón, su gran antiguo y carismático vecino, vigila las atractivas y azuladas aguas que casi convierten a La Coruña en una exótica y singular isla antlántica. A su lado la moderna y elevada torre de control, la coloquialmente llamada ''torre H'', visible desde numerosos rincones de la urbe y puerta de uno de los más largos caminos que nos acercan hacia un deseado e inalcanzable horizonte: el dique de abrigo.
Continuemos paseando ante uno de los más fascinantes puertos de la siempre marítima y enigmática tierra gallega. Cada poco tiempo un enorme y exhuberante transatlántico se asienta en suelo coruñés, movido por la sana curiosidad de admirar la belleza de una hermosa ciudad como la nuestra. A su lado Palexco, espacio reservado a niñas que desean desprenderse de sus quince años y a jóvenes sin pelo a los lados que han decidido permanecer en dicha edad. Dentro Amura y Rocco, espléndidas cafeterías que congregan a la mayor parte de la juvenil sociedad coruñesa, convertiéndose a la llegada de la noche en agradables y lujosos centros de ocio y diversión. ¡Grata felicidad!
Al otro lado de la ciudad, la playa del Orzán y su consiguiente paseo marítimo conectan con el puerto coruñés gracias a la calle Real, constantemente animada y repleta de gente de todas las edades. Sobre todo de chiquillos de catorce años, familias y mayores. Las calles de San Andrés y Zalaeta no impiden llegar a la playa coruñesa por antonomasia, cuyo sano y agitado mar provoca sentimientos de dicha y satisfacción en el corazón de los más felices adolescentes. Cerca podemos ver unas singulares y originales columnas, vecinas del Matadero y puerta trasera del antiguo barrio de Monte Alto. Columnas decoradas por los pinceles de jóvenes y reivindicativos graffiteros que han encontrado en ese lugar un espacio para plasmar su innegable talento artístico. Poco queda ya para finalizar nuestro camino por algunas de las más importantes e imprescindibles zonas que componen el marco urbano de nuestra querida Marineda.
Poco queda.
viernes, 9 de marzo de 2012
Simplemente verano.
Puedo afirmar alegremente que el día se presenta sin ninguna sola nube en el cielo. Ha amanecido con un brillante y majestuoso sol, estrella de las estrellas. ¡Qué felicidad! Y pensar que algo tan simple y natural como la viva imagen de la luz puede determinar el estado de ánimo de cualquiera... Yo mismo no escapo de ello.
El olor a crema nivea de protección 25 (ideal para no quemarse) y el pegajoso tacto del más infalible bronceador (un inacabable aceite de coco) impregnan cada momento de cualquier día estival. ¡Quién podría borrar los largos paseos ante la playa y los tranquilos reposos esperando a que el sol caliente cualquie tipo de juvenil piel! Nadie que se haya sumergido en un mundo que no es el nuestro, un idílico paraje natural donde los peces son sus habitantes y los arrecifes de coral sus jardines.
Un espacio creado para proporcionar a los corazones humanos las más intensas y contradictorias sensaciones. ¡Imposible comparar el profundo movimiento de un oscuro mar embravecido con la monótona calma de un tranquilo oceáno recién despierto! Ningún ser humano ha podido a lo largo de la historia dominar el hechizo de hundirse en el más relajante universo que puebla la tierra. Es como escapar hacia un lugar desconocido.
Decían los románticos que había mil maneras de huir de la melancólica existencia, siendo la muerte el culmen de los cúlmenes. El espíritu de un joven rebosante de amor hacia el exótico y azulado mar ha visto en este lugar la verdadera forma de evasión de un mundo que no quiere ni puede aceptar tal y como es.
La playa, lugar deseado y ansiado para marineros y piratas, conforma el final de un camino que hemos recorrido sintiendo en nuestro cuerpo el espíritu del agua más reconfortante. Hemos llegado a nuestro objetivo, un espacio bañado por una blanca y fina arena que es la protagonista tanto de los más recónditos desiertos africanos como de las más lujosas playas hawaianas.
Sol, playa, mar... Verano. ¿Qué más se puede pedir?
martes, 28 de febrero de 2012
Toda una vida.
En el horizonte se observaba un decadente sol más propio del atardecer que de la fría y solitaria mañana. Aún así, la imagen del anaranjado cielo parecía ser símbolo de alegre luminosidad. Reflejo de como se sentía en ese momento.
No podía olvidar que era viernes por la tarde. El tétrico lunes era todavía una imagen confusa de algo que tardaría en llegar. La vida se componía de bellas imágenes que parecían demasiado reales: todavía tenía que pasar mucho tiempo para comprender que era una invención del subconsciente. Y es que la vida se basa en eso, en crear innumerables sueños a partir de una melancólica verdad.
El colorido de las faldas de las colegialas, la brillantez de sus castellanos del Corte Inglés y el olor a piruleta de fresa constituían el marco urbano de esas quinceañeras tardes. Fotografías que representan los buenos momentos de almas jóvenes, inocentes y felices. Salir, pasear, charlar... El tiempo es oro y los instantes se pierden, muriendo en el abismo de lo fugazmente efímero. Aprovechar cada segundo es la solución más institiva e inteligente; en definitiva, la mejor.
Sábados cargados de caminatas por el centro histórico de la ciudad: toda la tarde, desde el frío del ocaso solar hasta la llegada de una monótona pero atractiva oscuridad nocturna. Las calles principales de la urbe son recorridas por las pisadas de adolescentes ilusionados que han dedicado su tiempo a actividades basadas en el mero disfrute de lo simple, de lo natural y sencillo.
Nuevos centros de reunión: nuevas cafeterías, nuevos pubs, nuevas discotecas. Tener casi dieciséis años y desear pisar la latino del alejado Bosque. La ilusión de importalizar los momentos en unos poco saludables y calurosos Jardines. Soñar con comerse el mundo, planificando tontos pero mágicos proyectos. ¿La principal función? Ocupar gratamente el tiempo en existir, podría decirse.
Gente de diferentes pero a la vez similares colegios. Nuevas plazas donde pasar el rato, nuevas marcas de jerseys, nuevos y diferentes amigos; continuos cambios de moda en general. La imagen de una vida, de toda una vida.
¿Una mentira? No culpen a un inexperto individuo. No culpen a nada ni a nadie en general. Mentira o no, es el reflejo de una feliz realidad.
No podía olvidar que era viernes por la tarde. El tétrico lunes era todavía una imagen confusa de algo que tardaría en llegar. La vida se componía de bellas imágenes que parecían demasiado reales: todavía tenía que pasar mucho tiempo para comprender que era una invención del subconsciente. Y es que la vida se basa en eso, en crear innumerables sueños a partir de una melancólica verdad.
El colorido de las faldas de las colegialas, la brillantez de sus castellanos del Corte Inglés y el olor a piruleta de fresa constituían el marco urbano de esas quinceañeras tardes. Fotografías que representan los buenos momentos de almas jóvenes, inocentes y felices. Salir, pasear, charlar... El tiempo es oro y los instantes se pierden, muriendo en el abismo de lo fugazmente efímero. Aprovechar cada segundo es la solución más institiva e inteligente; en definitiva, la mejor.
Sábados cargados de caminatas por el centro histórico de la ciudad: toda la tarde, desde el frío del ocaso solar hasta la llegada de una monótona pero atractiva oscuridad nocturna. Las calles principales de la urbe son recorridas por las pisadas de adolescentes ilusionados que han dedicado su tiempo a actividades basadas en el mero disfrute de lo simple, de lo natural y sencillo.
Nuevos centros de reunión: nuevas cafeterías, nuevos pubs, nuevas discotecas. Tener casi dieciséis años y desear pisar la latino del alejado Bosque. La ilusión de importalizar los momentos en unos poco saludables y calurosos Jardines. Soñar con comerse el mundo, planificando tontos pero mágicos proyectos. ¿La principal función? Ocupar gratamente el tiempo en existir, podría decirse.
Gente de diferentes pero a la vez similares colegios. Nuevas plazas donde pasar el rato, nuevas marcas de jerseys, nuevos y diferentes amigos; continuos cambios de moda en general. La imagen de una vida, de toda una vida.
¿Una mentira? No culpen a un inexperto individuo. No culpen a nada ni a nadie en general. Mentira o no, es el reflejo de una feliz realidad.
viernes, 24 de febrero de 2012
Cuéntamelo otra vez.
Éramos el reflejo de una decadencia generacional. Eso sí, el frío brillaba por su ausencia y relucía un alegre sol que iluminaba todos los rincones del lugar. No parecía casual que la oscuridad estuviese reservada para las juveniles noches coruñesas: todavía no eran mi mundo. Y puede que tampoco lo sean ahora. O sí.
Costaría diferenciar esas tardes estivales de cualquier mañana de antaño. ¿Años cincuenta o siglo XXI? Porque en las fotografías el color alegraba los ojos de cada persona, que si no no habría grandes contrastes. Lo importante es que la alegría estaba presente en cada segundo, segundos marcados por el salpicar del agua dulce y la suave arena blanca. El mar formaba parte de tan idílico paraje, funcionando cual fondo de un cuadro del Cinquecento. Verde azulado y calmado, sugería una sensación de ármonica estabilidad. ¡Quién podría olvidar tanta dicha acumulada!
Lo pequeño a veces es grande, y lo grande pequeño. Agradable sensación la de retornar a ese perfecto mundo, donde le daba vergüenza bailar en Carnaval y donde jugaba con sus amigos cerca del cristalino Océano. Donde aprendió a nadar y a crear sus propios sueños. Porque si algo nunca morirá son los sueños, pues son quienes saben arracar la tristeza a la desdichada realidad.
Volver, solo volver. Nada es lo mismo ni volverá a serlo. Pero tampoco se borrará lo que fue. Y es que la vida es eso, son recuerdos. Es todo lo experimentado. Todo lo vivido, todo lo caminado.
sábado, 11 de febrero de 2012
Yomímeconmigo.
¿Qué es la felicidad? Algo demasiado abstracto y personal. Te diré lo que es para mí:
Preparar ilusionadamente un elaborado disfraz para Carnaval. Elegir uno entre un millón de trajes para lucir en fin de año. Comprar nuevos y coloridos bañadores poco antes del comienzo de la temporada estival. Reírme en clase con mis compañeros y morirme a carcajadas con mis amigos. Bañarme en el mar Atlántico un caluroso día de agosto. Pasarme una tarde de invierno mirando las novedades de Zara, Pull and Bear y Bershka. Sentir la satisfacción de haber aprobado un examen con buena nota. Comer un plato de patatas bonilla tras haber saboreado ocho onzas de chocolate con leche. Recordar el pasado con nostalgia sonriendo ante los buenos momentos. Escribir. Profundizar acerca de nuestra historia contemporánea universal. Conocer la evolución de La Coruña e investigar mi pasado más cercano. Pasear por la calle Real, aunque ya no se lleve tanto. Salir todos los sábados de noche pero sin dejar de estudiar lo necesario. Intentar ir al Amura aunque nadie quiera. Publicar nuevas entradas en mi blog personal. Tomar una coca-cola en el Rocco mientras improviso mi propio vocabulario (''chempre cum''). Cenar un sábado en el Populis o en Gastoph para luego beber en el Tortoni. Conectarme diariamente al tuenti escribiendo nuevos estados y tablones. Mascar una media de cinco ''chaicles'' diarios, como mínimo. Nadar entre diez y veinte largos semanales en la Hípica o en la Solana. Tomar el sol para que el blanco de mi piel se convierta en un dorado anaranjado. Hacerme fotos a mí mismo y al paisaje urbano y natural que me rodea. Sentir el frío de una soleada mañana de enero. Escribir mil tweets en twitter. Combinar la ropa de manera diferente cada día. Reflexionar sobre el sentido de la existencia. Soñar despierto pero siendo consciente de los límites de la realidad. Recordar, olvidar, proyectar, saltar, gritar... ¡Volar!
Para mí, felicidad es disfrutar de la vida, porque no hay nada más importante que eso, y es necesario aprovechar cada insignificante segundo. ¿Carpe diem? ¿Por qué no?
Preparar ilusionadamente un elaborado disfraz para Carnaval. Elegir uno entre un millón de trajes para lucir en fin de año. Comprar nuevos y coloridos bañadores poco antes del comienzo de la temporada estival. Reírme en clase con mis compañeros y morirme a carcajadas con mis amigos. Bañarme en el mar Atlántico un caluroso día de agosto. Pasarme una tarde de invierno mirando las novedades de Zara, Pull and Bear y Bershka. Sentir la satisfacción de haber aprobado un examen con buena nota. Comer un plato de patatas bonilla tras haber saboreado ocho onzas de chocolate con leche. Recordar el pasado con nostalgia sonriendo ante los buenos momentos. Escribir. Profundizar acerca de nuestra historia contemporánea universal. Conocer la evolución de La Coruña e investigar mi pasado más cercano. Pasear por la calle Real, aunque ya no se lleve tanto. Salir todos los sábados de noche pero sin dejar de estudiar lo necesario. Intentar ir al Amura aunque nadie quiera. Publicar nuevas entradas en mi blog personal. Tomar una coca-cola en el Rocco mientras improviso mi propio vocabulario (''chempre cum''). Cenar un sábado en el Populis o en Gastoph para luego beber en el Tortoni. Conectarme diariamente al tuenti escribiendo nuevos estados y tablones. Mascar una media de cinco ''chaicles'' diarios, como mínimo. Nadar entre diez y veinte largos semanales en la Hípica o en la Solana. Tomar el sol para que el blanco de mi piel se convierta en un dorado anaranjado. Hacerme fotos a mí mismo y al paisaje urbano y natural que me rodea. Sentir el frío de una soleada mañana de enero. Escribir mil tweets en twitter. Combinar la ropa de manera diferente cada día. Reflexionar sobre el sentido de la existencia. Soñar despierto pero siendo consciente de los límites de la realidad. Recordar, olvidar, proyectar, saltar, gritar... ¡Volar!
Para mí, felicidad es disfrutar de la vida, porque no hay nada más importante que eso, y es necesario aprovechar cada insignificante segundo. ¿Carpe diem? ¿Por qué no?
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