domingo, 18 de marzo de 2012

Algo más que una ciudad.

Las magníficas vistas desde los naturales jardines de la Maestranza. Nuestros sensibles ojos son capaces de observar un pedacito de tierra firme al otro lado del mar. Pero solo un poco... ¡Ya no es Coruña!

Coruña, el mar. Coruña y el mar, el mar y Coruña. Sería imprescindible una cosa sin la otra. Lo más bello está ante nosotros, ¿para que queremos más? Una fría pero agradable brisa impregna el ambiente diurno. El sol permanece en lo alto calentando los más recónditos y amplios rincones de la ciudad. Marzo o Agosto, la sensación es la misma. ¡Increíble!

Ella es una de las mejores compañeras del calor coruñés. La Solana, hogar de miles de ciudadanos que se deleitan con el agradable bronceo de sus cuerpos y un tranquilizante baño en la piscina, finalizando con el disfrute de una relajante y placentera ducha. El castillo de San Antón, su gran antiguo y carismático vecino, vigila las atractivas y azuladas aguas que casi convierten a La Coruña en una exótica y singular isla antlántica.  A su lado la moderna y elevada torre de control, la coloquialmente llamada ''torre H'', visible desde numerosos rincones de la urbe y puerta de uno de los más largos caminos que nos acercan hacia un deseado e inalcanzable horizonte: el dique de abrigo.

Continuemos paseando ante uno de los más fascinantes puertos de la siempre marítima y enigmática tierra gallega. Cada poco tiempo un enorme y exhuberante transatlántico se asienta en suelo coruñés, movido por la sana curiosidad de admirar la belleza de una hermosa ciudad como la nuestra. A su lado Palexco, espacio reservado a niñas que desean desprenderse de sus quince años y a jóvenes sin pelo a los lados que han decidido permanecer en dicha edad. Dentro Amura y Rocco, espléndidas cafeterías que congregan a la mayor parte de la juvenil sociedad coruñesa, convertiéndose a la llegada de la noche en agradables y lujosos centros de ocio y diversión. ¡Grata felicidad!

Al otro lado de la ciudad, la playa del Orzán y su consiguiente paseo marítimo conectan con el puerto coruñés gracias a la calle Real, constantemente animada y repleta de gente de todas las edades. Sobre todo de chiquillos de catorce años, familias y mayores. Las calles de San Andrés y Zalaeta no impiden llegar a la playa coruñesa por antonomasia, cuyo sano y agitado mar provoca sentimientos de dicha y satisfacción en el corazón de los más felices adolescentes. Cerca podemos ver unas singulares y originales columnas, vecinas del Matadero y puerta trasera del antiguo barrio de Monte Alto. Columnas decoradas por los pinceles de jóvenes y reivindicativos graffiteros que han encontrado en ese lugar un espacio para plasmar su innegable talento artístico. Poco queda ya para finalizar nuestro camino por algunas de las más importantes e imprescindibles zonas que componen el marco urbano de nuestra querida Marineda.

Poco queda.

viernes, 9 de marzo de 2012

Simplemente verano.

Puedo afirmar alegremente que el día se presenta sin ninguna sola nube en el cielo. Ha amanecido con un brillante y majestuoso sol, estrella de las estrellas. ¡Qué felicidad! Y pensar que algo tan simple y natural como la viva imagen de la luz puede determinar el estado de ánimo de cualquiera... Yo mismo no escapo de ello.

El olor a crema nivea de protección 25 (ideal para no quemarse) y el pegajoso tacto del más infalible bronceador (un inacabable aceite de coco) impregnan cada momento de cualquier día estival. ¡Quién podría borrar los largos paseos ante la playa y los tranquilos reposos esperando a que el sol caliente cualquie tipo de juvenil piel! Nadie que se haya sumergido en un mundo que no es el nuestro, un idílico paraje natural donde los peces son sus habitantes y los arrecifes de coral sus jardines.

Un espacio creado para proporcionar a los corazones humanos las más intensas y contradictorias sensaciones. ¡Imposible comparar el profundo movimiento de un oscuro mar embravecido con la monótona calma de un tranquilo oceáno recién despierto! Ningún ser humano ha podido a lo largo de la historia dominar el hechizo de hundirse en el más relajante universo que puebla la tierra. Es como escapar hacia un lugar desconocido.

Decían los románticos que había mil maneras de huir de la melancólica existencia, siendo la muerte el culmen de los cúlmenes. El espíritu de un joven rebosante de amor hacia el exótico y azulado mar ha visto en este lugar la verdadera forma de evasión de un mundo que no quiere ni puede aceptar tal y como es.

La playa, lugar deseado y ansiado para marineros y piratas, conforma el final de un camino que hemos recorrido sintiendo en nuestro cuerpo el espíritu del agua más reconfortante. Hemos llegado a nuestro objetivo, un espacio bañado por una blanca y fina arena que es la protagonista tanto de los más recónditos desiertos africanos como de las más lujosas playas hawaianas.

Sol, playa, mar... Verano. ¿Qué más se puede pedir?

martes, 28 de febrero de 2012

Toda una vida.

En el horizonte se observaba un decadente sol más propio del atardecer que de la fría y solitaria mañana. Aún así, la imagen del anaranjado cielo parecía ser símbolo de alegre luminosidad. Reflejo de como se sentía en ese momento.

No podía olvidar que era viernes por la tarde. El tétrico lunes era todavía una imagen confusa de algo que tardaría en llegar. La vida se componía de bellas imágenes que parecían demasiado reales: todavía tenía que pasar mucho tiempo para comprender que era una invención del subconsciente. Y es que la vida se basa en eso, en crear innumerables sueños a partir de una melancólica verdad.

El colorido de las faldas de las colegialas, la brillantez de sus castellanos del Corte Inglés y el olor a piruleta de fresa constituían el marco urbano de esas quinceañeras tardes. Fotografías que representan los buenos momentos de almas jóvenes, inocentes y felices. Salir, pasear, charlar... El tiempo es oro y los instantes se pierden, muriendo en el abismo de lo fugazmente efímero. Aprovechar cada segundo es la solución más institiva e inteligente; en definitiva, la mejor.

Sábados cargados de caminatas por el centro histórico de la ciudad: toda la tarde, desde el frío del ocaso solar hasta la llegada de una monótona pero atractiva oscuridad nocturna. Las calles principales de la urbe son recorridas por las pisadas de adolescentes ilusionados que han dedicado su tiempo a actividades basadas en el mero disfrute de lo simple, de lo natural y sencillo.

Nuevos centros de reunión: nuevas cafeterías, nuevos pubs, nuevas discotecas. Tener casi dieciséis años y desear pisar la latino del alejado Bosque. La ilusión de importalizar los momentos en unos poco saludables y calurosos Jardines. Soñar con comerse el mundo, planificando tontos pero mágicos proyectos. ¿La principal función? Ocupar gratamente el tiempo en existir, podría decirse.

Gente de diferentes pero a la vez similares colegios. Nuevas plazas donde pasar el rato, nuevas marcas de jerseys, nuevos y diferentes amigos; continuos cambios de moda en general. La imagen de una vida, de toda una vida.

¿Una mentira? No culpen a un inexperto individuo. No culpen a nada ni a nadie en general. Mentira o no, es el reflejo de una feliz realidad.

viernes, 24 de febrero de 2012

Cuéntamelo otra vez.

Éramos el reflejo de una decadencia generacional. Eso sí, el frío brillaba por su ausencia y relucía un alegre sol que iluminaba todos los rincones del lugar. No parecía casual que la oscuridad estuviese reservada para las juveniles noches coruñesas: todavía no eran mi mundo. Y puede que tampoco lo sean ahora. O sí.

Costaría diferenciar esas tardes estivales de cualquier mañana de antaño. ¿Años cincuenta o siglo XXI? Porque en las fotografías el color alegraba los ojos de cada persona, que si no no habría grandes contrastes. Lo importante es que la alegría estaba presente en cada segundo, segundos marcados por el salpicar del agua dulce y la suave arena blanca. El mar formaba parte de tan idílico paraje, funcionando cual fondo de un cuadro del Cinquecento. Verde azulado y calmado, sugería una sensación de ármonica estabilidad. ¡Quién podría olvidar tanta dicha acumulada!

Lo pequeño a veces es grande, y lo grande pequeño. Agradable sensación la de retornar a ese perfecto mundo, donde le daba vergüenza bailar en Carnaval y donde jugaba con sus amigos cerca del cristalino Océano. Donde aprendió a nadar y a crear sus propios sueños. Porque si algo nunca morirá son los sueños, pues son quienes saben arracar la tristeza a la desdichada realidad.

Volver, solo volver. Nada es lo mismo ni volverá a serlo. Pero tampoco se borrará lo que fue. Y es que la vida es eso, son recuerdos. Es todo lo experimentado. Todo lo vivido, todo lo caminado.

sábado, 11 de febrero de 2012

Yomímeconmigo.

¿Qué es la felicidad? Algo demasiado abstracto y personal. Te diré lo que es para mí:

Preparar ilusionadamente un elaborado disfraz para Carnaval. Elegir uno entre un millón de trajes para lucir en fin de año. Comprar nuevos y coloridos bañadores poco antes del comienzo de la temporada estival. Reírme en clase con mis compañeros y morirme a carcajadas con mis amigos. Bañarme en el mar Atlántico un caluroso día de agosto. Pasarme una tarde de invierno mirando las novedades de Zara, Pull and Bear y Bershka. Sentir la satisfacción de haber aprobado un examen con buena nota. Comer un plato de patatas bonilla tras haber saboreado ocho onzas de chocolate con leche. Recordar el pasado con nostalgia sonriendo ante los buenos momentos. Escribir. Profundizar acerca de nuestra historia contemporánea universal. Conocer la evolución de La Coruña e investigar mi pasado más cercano. Pasear por la calle Real, aunque ya no se lleve tanto. Salir todos los sábados de noche pero sin dejar de estudiar lo necesario. Intentar ir al Amura aunque nadie quiera. Publicar nuevas entradas en mi blog personal. Tomar una coca-cola en el Rocco mientras improviso mi propio vocabulario (''chempre cum''). Cenar un sábado en el Populis o en Gastoph para luego beber en el Tortoni. Conectarme diariamente al tuenti escribiendo nuevos estados y tablones. Mascar una media de cinco ''chaicles'' diarios, como mínimo. Nadar entre diez y veinte largos semanales en la Hípica o en la Solana. Tomar el sol para que el blanco de mi piel se convierta en un dorado anaranjado. Hacerme fotos a mí mismo y al paisaje urbano y natural que me rodea. Sentir el frío de una soleada mañana de enero. Escribir mil tweets en twitter. Combinar la ropa de manera diferente cada día. Reflexionar sobre el sentido de la existencia. Soñar despierto pero siendo consciente de los límites de la realidad. Recordar, olvidar, proyectar, saltar, gritar... ¡Volar!

Para mí, felicidad es disfrutar de la vida, porque no hay nada más importante que eso, y es necesario aprovechar cada insignificante segundo. ¿Carpe diem? ¿Por qué no?

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una página en mi vida. Finales del 2009, principios del 10.

Todavía huele a verano. Sólo quedan unos días para que la estación más calurosa del año finalice. Sí, es septiembre, un mes que morirá como todos los años en menos de dos semanas. El calor continúa y la sensación de volverse a poner el uniforme se torna extraña. Aunque agradable. Usar, más o menos, la misma ropa todos los días... es cómodo al fin y al cabo, ¡no hay que pensar tanto qué llevar! Pero no siempre igual, un día con un jersey de pico, otro día con la propia sudadera santamariense (que se pone y se deja de poner de moda continuamente) u otra prenda que no tiene nada que ver con el propio uniforme. Aún recuerdo cuando Pilar Pazos nos quitaba ese tipo de ropajes impropios de los cursos del colegio, sólo válidos, ''oficialmente'', en primero y segundo de Bach. Sí, ese último curso en el que estoy ahora. El tacto, el olor.... el sentir una clase nueva, tercero, cuarto de la ESO... Nuevos y locos profes, la mezcla típica de compañeros en clase, malos y buenos rollos... Las amigas de siempre: Marta, Andrea, Eva, Luisa, Killa... Laura que yo no está, también Elena e Isa, Raquel y Lucía que entraron nuevas el año pasado, Lourdes, Marta Ramos... ¡Por todos los que se fueron y llegaron! Un sinnúmero de momentos, buenos y malos.

El pantalón gris carhartt todavía no se ha estropeado del todo, y la verdad no sé que zapatos llevar. ¿Victorias azules? En la actualidad no me las pondría ni de ajo... Para mí tendrían que ir acompañadas de cordones. De aquella los llevaba sin. Estoy acordándome de que tenía los náuticos rotos, pero siempre cundían. Si no, algún tennis de los de casa, tipo nike imitación por aquel entonces. Collarcito, a lo cani ahora... ¡Qué tiempos!

Los fines de semana, salir, salir, salir. Los jardens todavía no existían, sólo la Rosaleda y para mayores. Lo importante, la pepón, un importante centro de reunión. Los viernes era obligado ir allí, estar, comer pipas, hacerse fotos, saludar, pasear... Quizá un paseo hasta la plaza de Vigo, aunque la etapa de esplendor de esta última fue cuando iba en 3º, 2008-2009. Palexco casi solo cuando llueve. Todos somos amigos de todos, hasta llegar a criticarles. Es normal, tenemos catorce-quince años. Pronto surgirían el Playa y el Pirámide, después de una época marcada por las fiestas semiprivadas del Bhudda a las que no se podía ir. ¡EL BOSQUE ERA IMPENSABLE! Qué recuerdos cuando, en 2º de la ESO, ansiaba ir a Pirámide pero era muy tarde porque era horario 8.30-11! Yo intenté ir de 8.30 a 9 (sólo me dejaban hasta esa hora con trece-catorce) pero no valía la pena (poco tiempo y, sobre todo, vergüenza).

¿Estudiar? Eso no existía en mi mundo, apenas. Hacía lo mínimo, no me interesaba. Las asignaturas, las más fáciles. Letras puras en cuarto, un no hacer nada. Aún así, acababa aprobando. El inglés flojeó siempre, y en la informática gané un suspenso en la primera evaluación por vaguear.

Las tardes de viernes y sábados no son nada sin ir al Boule, el café-bar por excelencia de la ciudad (Plaza Pontevedra-Riazor). Lo que hacer cuando no hay fiestas, lo que hacer cuando se quiere bajar tras pasar por la enigmática Pepon. La máquina de tabaco habla para todos los adolescentes, y les dice: ''compra, compra''. Demasiada gente, vida social en definitiva.

Nunca morirá.

¡Qué frío hace! Menos mal que nos espera la calefacción en clase, una clase en la que nos pasamos los días haciendo dictados y problemas de sumas y restas. Una clase en la que leemos un libro en conjunto, en la que nos contamos anécdotas de nuestras vidas, en la que practicamos obras de teatro. Todos somos los protagonistas, la vida gira en torno a nosotros. ¿Jugar? A eso nos dedicamos: jugamos en el patio, en clase, en casa... Jugamos riendo, aprendiendo, saltando, gritando, riendo. Jugamos preguntando: ''¿cómo te llamas?'' o ''¿en que curso vas?''. Pero sobre todo jugamos afirmando: ''¿quieres venir conmigo?''.

Jugamos dibujando, escribiendo, estudiando. Jugar, soñar... Quizá no haya tanta diferencia. En el tercer recreo merienda: pan y chocolate, ¡sí! Nada nos puede hacer más felices. ''¡Tú la llevas!'' te dicen, e intentas encontrarles. Dejan su energía en el escondite; tú también lo haces, no te engañes. Sonríes; de manera natural te dedicas a sonreír. Creas mundos irreales que ocupan tu mente. Inventas infinidad de divertidas historias. Besas a quien quieres y escapas de quien quieres escapar. Tienes novia y dos mejores amigos (también dos mejores amigas). Te identificas y los identificas con tus héores... Héroes que ves en la tele, porque ves mucha tele, mientras desayunas y después de que Mami te vaya a recoger a la parada de bús... Ves los Simpson, Doraemon, Xabarín Club, Sin Chan, Dragon Ball, Pokémon, la Banda del Patio, Scooby Doo, los Picapiedra... Te sabes las películas de Disney, de pe a pa. También lees cómics: Mortadelo y Filemón, 13 Rúe del Percebe y Zipi y Zape. Comentas en la fila del comedor tus programas y libros favoritos. Después de aprender a multiplicar y tras hacer los deberes, vas a natación tres veces a la semana: nadas mucho, lo intentas... ¡Quieres ser el primero en llegar a la meta! Vives. Eres feliz. Quizá nunca vuelvas a serlo... ¿O quizás sí?.

miércoles, 11 de enero de 2012

Huele a mar.

Pero a mar de Coruña. Es un olor suave, verde y fresco. Huele a alegría, a vivacidad, a verano. La arena impregna las plantas de los pies de las gentes. Adolescentes de quince años pasean mostrando sus cuerpos bronceados. Catorce de agosto, dos mil nueve. ¿Qué importa el año, la fecha, la hora exacta? Sólo diré que son las siete de la tarde; falta poco para que el sol se ponga y no se vislumbra ninguna nube en el cielo. Orzán, querido Orzán: cuna de recuerdos imborrables. Eres la imagen de una etapa esplendorosa, de una vida feliz. Momentos inolvidables entre el sol, el agua y la arena. He de decir que no hay un mar tan puro como el tuyo, un mar Atlántico sin fin... Un océano que parece que nunca, nunca, se acaba. Puedo observar el horizonte y no veo final. El azul del cielo y del mar no deja indiferente a los que pasean ante la playa urbana de la ciudad. La suave melodía de ''I'm yours'' susurra sensaciones agradables a los oídos de los jóvenes, que caminan cercanos al muro para que el sol caliente sus rostros y puedan ir al kiosko de las cuartas a comprar chuminadas... Es verano, no hay que estudiar y el hambre ruge dentro de las tripas cual gato enfurecido.

¿La receta para ser feliz? ¡La he encontrado!

No es oro todo lo que reluce.

Miraba por la ventana y solo veía caras. Rostros de personas agobiadas que dedicaban su tiempo a trabajar. Nacer para trabajar y trabajar para vivir. Ese era el destino de todos, incluido el mío; un futuro que se tornaba demasiado lejano para ser verdad.

Como cualquier otro niño, me dedicaba al simple disfrute de las pequeñas cosas de la vida, intentando escapar del aburrimiento que producía la práctica de las responsabilidades futuras. Recuerdo que amaba los ricos manjares que nos traía Ella y realizar largos paseos a caballo por el jardín que rodeaba nuestro hogar. Creo recordar que eran días soleados y primaverales, días caracterizados por un calor abrasador, solo soportable gracias a la presencia de una rica vegetación silvestre. En la soledad de mi mundo interior realmente me sentía diferente.

No puedo olvidar tampoco aquellos días grises en los que el palacio bien podía parecer una fría cárcel de piedra, si no fuera una majestuosa edificación de estilo neoclásico. Tener la sensación de ser prisionero de esas paredes tapizadas de oro no es algo para nada envidiable.

Todavía me sigo preguntando como debe vivir un ciudadano común, alguien que posee la capacidad de poder decidir por sí mismo sin tener que pensar prioritariamente en la prosperidad de su pueblo.

Una infancia entre algodones.

Creo que me resulta algo difícil describir el olor a una extraña pero a la vez atractiva sustancia. Un olor a cloro veraniego, algo que mi olfato ha sentido mientras me encuentro tumbado en la toalla sobre las empapadas baldosas que rodean ese gran espacio llamado piscina. Parece increíble como ha cambiado mi percepción acerca de tan simple lugar, que en mi más remoto mundo representa un amplio conjunto de múltiples sensaciones. Un lugar enorme que, confirmado por los tristes ojos de la realidad, no es más que una pequeña parcela repleta de un agua entre dulce y salada. Otro mundo diferente en el que sumergirse e imaginar, para poder salir más tarde a disfrutar de la alegría de un sol cuya exposición siempre ha sido poco recomendada por los llamados médicos. Es verano, no cabe duda, y el calor de un transparente líquido chorreante empapa el espíritu de un niño que disfruta de la más agradable ducha post-baño. La merienda se erige como alimento necesario a las siete de la tarde, para después dedicarse al reconfortante arte de jugar en los columpios situados sobre la fina y blanca arena del parque. Columpiarse para volar y seguir soñando, intentando escapar de unos límites que se terminan tornando reales en el momento en el que el cuerpo del pequeño muestra un mínimo de interés por ascender hacia lo más alto. Reír, volar, soñar, vivir... El tobogán significa ese ansia por huir de una meláncolica y pasiva quietud para adentrarse en el riesgo de caer rápidamente hacia abajo... ¡Pero para luego volver a subir! El mar vigila con claridad esta estamapa acomodada de múltiples sensaciones sin igual, la consecuencia de la forma de pensar y sentir de un alma individual que se ampara en su propio y profundo subjetivismo infantil.

miércoles, 4 de enero de 2012

Dos mundos enlazados.

No es imprescindible que la ciudad de las ciudades tenga que estar bañada por una cristalina agua atlántica. Y no es que menosprecie a la tierra en la que he nacido, ese fantástico lugar en el que el viento sopla dejando un fino olor a mar en cada individuo. El mar, sí, ese fenómeno natural del que cada ser humano se beneficia a su gusto, disfrutando de su suave claridad al hundirse en él. La adecuadamente apodada Marineda por la sublime escritora Emilia Pardo Bazán es, pues, una ciudad claramente marítima por antonomasia. Una importante virtud de la que es poseedora la antiguamente llamada Crunia.

Capital de tan hermosa nación como es la nuestra, el centro exacto del país y casa de la diosa Cibeles carece de tan hermoso océano, por razones de pura evidencia lógica. Pero posee atractivos que hacen sentir la frescura de las cosmpolitas tardes que caracterizan el centro de la urbe. La Gran Vía nos ofrece una imagen bella y grandiosa como importante espacio social, seguida por la Puerta de Sol donde la estatua de un importante rey que lideró nuestro país preside tal importante plaza. Puedo empatizar con cada personaje que pasea por las comerciales calles del casco histórico, sintiendo que tanto gallegos como madrileños compartimos el verdadero espírtu de pertenencia a España.

Tras admirar el arte del Prado y la fachada del maravilloso Palacio Real, un paseo por el Parque del Retiro nunca viene nada mal, pudiendo sentir en nuestro espíritu la brisa del primaveral estanque central. La estatua de aquel hombre que lloró la muerte de su Mercedes nos recuerda a las clases de Historia de 2º de Bachillerato.

¡Qué decir, pues, de tan entretenido lugar! Un espacio repleto de calles donde un café se erige como principal aperitivo mañanero y el geometrismo castellano provoca en el sujeto una clara sensación de estabilidad perfecta. No pretendo vender la imagen de una ciudad utópica, pero sí puedo sentir el calor de un terreno sin igual.

Recuerdos agradables de momentos de la infancia, y patria de un sinnúmero de intelectuales y famosos, Madrid es capaz de transmitir un atisbo de enorme alegría y optimismo.

¿Quién puede olvidar, aún así, la tierra de María Pita y de las galerías de cristal, presidida por la Torre del héroe mitológico y donde nadie es forestero?. Ese lugar alejado de la grandiosidad propia de la principal ciudad española pero repleto de numerosos encantos.

Dos mundos unidos por un mismo sentimiento, por diferentes percepciones, por una ilusión individual pero también colectiva.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Siento el frío de diciembre.

He divisado al horizonte una tenue luz que alumbra los corazones de los hombres. Un rayo brillante que desprende calor y felicidad, alegría y satisfacción... Una luz llena de vida, cual infante ilusionado y como un árbol que siempre florece.

Reflejo de un pasado esplendoroso, símbolo de la blancura propia de las nieves del norte. Pero también viva imagen de la oscuridad nocturna. Una noche mágica y cálida, repleta de sonidos musicales y artificios varios.

Allá caminaba erguida pero a la vez tranquila. Se podía leer la calma en su tez, así como se vislumbraban unas enormes ganas de vivir. Un carpe diem que no siempre es fácil de poner en práctica. Un ideal que no perdura en el mar y se torna frío cuando comienza la tormenta.

¿Tormenta? Dijo Eme... Puede que no estemos en una verdadera tormenta... Tan sólo estamos sumergidos en lo más profundo de las aguas y nos empeñamos en no salir de allí. Un fondo que sabe transmitirnos múltiples sentimientos.

¿Para que salir? Realmente ya lo he probado: no compensa. No compensa observar una realidad negativa e infeliz, un mundo dominado por el desamor y el egoísmo. Un mundo en el que lo objetivo no es más que un símbolo de todo lo que en verdad es el propio mundo, es decir, tristeza e imperfección...

La he perdido, pero bajo el mar continúa el sueño. Un sueño que la realidad me ha robado y que la ilusión me ha guardado.

martes, 30 de agosto de 2011

Felicidad.

Felicidad es despertarse sin despertador después de haber dormido bien. Felicidad es salir de la ducha antes de bajar a la calle. Felicidad es pasar un rato con tu madre o darle un beso a tu abuela. Felicidad es comer una bolsa de patatas en momentos de hambre. Felicidad es sacar buenas notas tras haberse esforzado. Felicidad es leer un libro que te gusta. Felicidad es ver una buena película. Felicidad es nadar en el mar y tomar el sol en verano. Felicidad es lucir una nueva bufanda y un nuevo abrigo en invierno. Felicidad es hacer un viaje a cualquier sitio...

Felicidad es disfrutar de los pequeños detalles, de las pequeñas cosas, de las tonterías que nos regala la vida: felicidad es pasar el tiempo con tu verdadera amiga.

viernes, 12 de agosto de 2011

Mi vida entera.



MÁS BONITA QUE NINGUNA, ponía a la peña de pie. Con más noches que la luna, estaba todo bien. Probaste fortuna en 1996, de Málaga hasta La Coruña, durmiendo en la estación de tren.

Más viciosa que ninguna, pero tan difícil de coger; tuvo un piso en las alturas, handle whit care. Probaste fortuna con héroes de barrio, Y CONMIGO TAMBIÉN... Algunos todavía dudan si vas a volver.

La estrella de los tejados, lo más rock and roll de por aquí, los gatos andábamos colgados...


YMSP.

martes, 26 de julio de 2011

El arte de vivir.

Todo cambia: las personas, las ideas, los lugares, el tiempo... Nada es como era al principio, todo evoluciona, pero no hasta peor o mejor, simplemente evoluciona. Sinceramente dudo que no quede nada de nosotros en el futuro. Los sentimientos y lo bueno es demasiado bonito como para que muera para siempre, como para que quede en el olvido. Creo que es imposible morir y que el ser desaparezca. El exterior, el físico, puede desaparecer, pero aquello que llaman alma, el interior... permanecerá siempre. Pueden llamarme loco pero creo que el cielo existe. No ese cielo de nubes, ángeles y un señor con barba al que llaman Dios, el cielo que cada uno quiera... Puede que me equivoque, pero todos lo hacemos. Nadie tiene toda la razón. Realmente me parece absurdo nacer para nada, para después de muchos años morirse. Por eso no me gustan las Matemáticas... todo es tan exacto que pierde su atractivo. Si solo hubiese ciencia en el mundo... ¿Qué nos haría feliz? Sonreír cuando te gusta algo, cuando estás contento y cuando todo va bien, o llorar cuando las cosas van mal. En ningún libro pone cuando hay que estar bien y cuando hay que estar mal, y si no lo sabes suspendes. ¿Realmente sería justo vivir para nada? Los listos dicen que no hay nada después de la muerte, pero es que no todo es exacto. La vida no es lógica, y menos el amor. Dejad de buscad a todo respuestas y no os las inventéis cuando no las tienen, si cosas como el amor y el sonreír no son lógicas, el nacer y el morir tampoco.



miércoles, 5 de enero de 2011

La importancia de lo cercano.

A veces es necesario viajar a 1000 kilómetros de distancia, viajar a países de otros continentes, a ciudades de otros lugares, para darse cuenta de lo que tenemos en nuestra casa. A veces hay que marcharse muy lejos para darse cuenta de que la persona que queremos está tan cerca de nosotros que ni lo podríamos imaginar. A veces hay que pararse a pensar que las cosas más simples nos llenan de felicidad: comer chocolate, reír con un amigo, leer un libro interesante, ver una bonita película. A veces hay que darse cuenta de que si no sabemos a dónde queremos llegar, tenemos que vivir el momento.